A un año de haber aterrizado en Nueva York, schmuck. ya no es “el nuevo bar del East Village”, es más bien es ese lugar al que vuelves sin pensarlo, el que recomiendas con entusiasmo y el que siempre parece estar justo en el punto perfecto entre fiesta, refugio y sala de estar compartida.
Ubicado en la esquina de First Avenue y la calle 6, schmuck. nació de la mano de Moe Aljaff y Juliette Larrouy con una idea clara pero poco común en una ciudad tan competitiva como Nueva York: sentirse como una fiesta en casa de un amigo —ese amigo cool, viajado, con excelente gusto musical y que siempre sirve algo delicioso sin pretensiones—.
“Uno de los grandes momentos del último año en schmuck. ha sido crear un espacio donde todos son bienvenidos y, cuando funciona, tienes una sala llena de personalidades completamente distintas. En cualquier noche puedes ver a un cliente ultra adinerado sentado junto a alguien que acaba de mudarse a la ciudad y gana un sueldo mínimo, al lado de un bartender que disfruta una cerveza y un shot con su camiseta manchada después de su turno más temprano ese día. El espacio acoge y permite que las personas sean auténticamente ellas mismas”, asegura Larrouy.

Desde su apertura a finales de enero de 2025, schmuck. ha sido nombrado uno de los “Mejores Nuevos Bares de Estados Unidos 2025” por Esquire y Bon Appétit, entre otros reconocimientos. Además, el bar debutó en la lista extendida de los World’s 50 Best Bars 2025, alcanzando el puesto número 59.
Parte del éxito se debe a que detrás del proyecto están dos figuras clave del mundo de la coctelería internacional. Moe Aljaff, nacido en Irak y criado en Suecia, se curtió en bares de alto volumen, clubes y escenarios musicales antes de dejar huella en Europa con Two Schmucks en Barcelona, un bar que redefinió el concepto de “five-star dive bar”. Juliette Larrouy, originaria del sur de Francia, comenzó en la cocina desde muy joven, se formó en la prestigiosa escuela Ferrandi en París y pasó por cocinas y barras de alto nivel antes de enamorarse definitivamente del mundo líquido en Le Syndicat, uno de los bares más influyentes de Francia.

Sus caminos se cruzaron, colaboraron en pop-ups, y en 2020 consolidaron su sociedad profesional en Barcelona. En 2022, Two Schmucks fue reconocido como el número 7 en la lista de The World’s 50 Best Bars, pero ese mismo año decidieron cerrar un ciclo y mirar hacia adelante. El siguiente paso fue Estados Unidos: primero una residencia en Miami y luego el encuentro con su socio actual, Dan Binkiewicz, figura clave de la hospitalidad en EE. UU.
Para Aljaff, la esencia de schmuck. está en el cambio constante. “Es una marca viva, que no se puede encasillar en una sola idea, bebida o estado de ánimo”, ha dicho. Y ese espíritu se siente en cada rincón del lugar. A lo largo de su primer año, schmuck. se ha transformado junto con sus creadores, con el barrio y con sus clientes habituales, sin perder su ADN: hospitalidad genuina, creatividad sin ego y mucho, mucho sabor.
Coctelería con alma culinaria
El programa de bebidas es uno de los grandes protagonistas. Con 22 cócteles repartidos en dos espacios, schmuck. juega con la técnica, la memoria gustativa y la intuición. En el salón principal, decorado con madera, concreto y acero inoxidable, todo es más pausado: un espacio completamente sentado, ideal para explorar tragos más complejos, inspirados en ingredientes, recetas y recuerdos. Aquí aparecen creaciones como BLANKA, que reinterpreta una clásica ensalada francesa de invierno con gin, hinojo y vinagreta de mostaza, o BREAD WITH TOMATOES, un cóctel que sabe exactamente a ese momento glorioso de mojar pan en el jugo que queda de una ensalada de tomate perfecta.

El segundo cuarto, que apuesta por muros de concreto y una gran mesa comunal, es otra historia: más informal, más rápido, más de ir y venir. Como la mesa de la cocina en una buena reunión, este espacio invita a visitas frecuentes y conversaciones cruzadas. Los cócteles son directos, intensos y memorables, con combinaciones tan inesperadas como adictivas: banana, melón con queso, fresa con notas lácteas y picantes.
Porque ninguna buena noche se sostiene solo con tragos, schmuck. también se toma muy en serio la comida. El menú fue desarrollado junto a LOBB Berlin y su fundador Arash Ghassemi, y es un delicioso cruce entre sabores persas y técnicas de Europa occidental. Aquí no hay platos de relleno: todo está pensado para compartir, picar y volver a pedir.
Entre los favoritos del primer año destacan los frijoles blancos estilo cacio e pepe con migas ahumadas, los camarones en mantequilla de harissa, las salchichas especiadas de Medio Oriente con puré de papa y jugo de naranja caramelizada, y las irresistibles papas aplastadas, fritas y acompañadas de salsa de maní picante y pepino encurtido. El cierre dulce es simple pero infalible: mousse de chocolate oscuro con aceite de oliva y sal en escamas.

“Afortunadamente, hemos estado muy ocupados y, cuando estamos en plena hora de servicio y yo voy de una tarea a otra, levanto la mirada y observo la sala: la iluminación es perfecta, la música un poco alta pero divertida, extraños en distintas mesas empiezan a interactuar entre sí… no hay ningún otro lugar en la Tierra que se sienta así. Esa energía es caótica, imparable, divertida, agotadora, pero absolutamente viva. Estamos profundamente agradecidos con Nueva York y con nuestros clientes por este último año, y esperamos que vengan muchos más”, concluye Larrouy.

schmuck. está ubicado en el 97 First Avenue, New York, NY 10003. Para más información visite: www.schmucknyc.com o en Instagram @schmuck.ny.


