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lunes, junio 29, 2026

Apple tiene un plan para su problema de memoria. El único problema es que pasa por una empresa en la lista negra de EEUU, según FT


La tormenta perfecta azota el mercado de la memoria y sacude a la electrónica de consumo como pocas veces habíamos visto. Este tramo del año se ha convertido en un mal momento para actualizar el ordenador, comprar una consola o incluso ampliar la RAM de un sobremesa gaming con un módulo nuevo. Los efectos también alcanzan a unidades de almacenamiento y otros componentes que hasta hace no tanto parecían más o menos previsibles. Mirando hacia atrás, aquel problema con las tarjetas gráficas durante el auge de la minería de criptomonedas empieza a parecer, para muchos usuarios, casi pequeño al lado de lo que estamos viendo ahora.

Durante meses, algunos grandes fabricantes han intentado ganar tiempo con una herramienta que el usuario no ve: inventario. Lenovo es un buen ejemplo. Según declaraciones de su director financiero, Winston Cheng, recogidas por Bloomberg TV y citadas después por varios medios, la compañía llegó a tener existencias de memoria y otros componentes críticos alrededor de un 50% por encima de lo habitual para amortiguar el golpe de la escasez y de las subidas de precios. Esa clase de colchón ayuda a resistir mejor que otros, pero también tiene un límite cuando el mercado sigue apretando.

La memoria se ha convertido en un problema de Apple, de precios y de geopolítica

Y ahí es donde entra Apple. No hablamos de una compañía pequeña atrapada por una subida puntual de costes, sino de una de las empresas con más poder de negociación de toda la industria tecnológica. Su cadena de suministro lleva años funcionando con una precisión extraordinaria, apoyada en acuerdos enormes, proveedores globales y una capacidad de compra que muy pocos pueden igualar. Precisamente por eso resulta tan significativo que, según Financial Times, Apple también estaría buscando nuevas vías para aliviar la presión de la memoria.

La vía que ha salido a la luz es especialmente delicada. Según el periódico económico británico, Apple está presionando a la Administración Trump para conseguir autorización, o al menos una señal favorable, que le permita comprar chips de memoria a CXMT, un fabricante chino señalado por el Pentágono por sus supuestos vínculos con el Ejército Popular de Liberación. El medio añade que la compañía se acercó al Departamento de Comercio hace más de un mes y que también ha buscado apoyos en otros puntos de Washington. El objetivo sería aliviar la presión financiera provocada por el encarecimiento de la memoria.

Si llevas tiempo siguiendo a Apple, probablemente ya lo sepas: este tipo de movimientos casi nunca se hacen públicos. La compañía no suele explicar sus operativas internas de compra, ni mucho menos sus conversaciones con proveedores o administraciones. Financial Times atribuye la información a seis personas familiarizadas con el asunto, una base relevante para tomarla en serio, pero no estamos ante una confirmación oficial de Apple, de la Casa Blanca ni del Departamento de Comercio.

Para entender la dimensión del movimiento hay que ubicar bien a CXMT. No estamos hablando de una marca de RAM de consumo que el usuario elige en una tienda, sino de ChangXin Memory Technologies, un fabricante chino de DRAM fundado en 2016. La compañía se presenta como proveedor de chips para móviles, PC, tabletas, servidores y otros equipos, memoria que luego puede acabar integrada en productos terminados. En el caso de Apple, por tanto, el debate no va de una marca visible, sino de quién suministra una pieza interna especialmente sensible.

La búsqueda de alternativas no sale de la nada. No es ningún secreto que la industria de la memoria está muy concentrada en Micron, Samsung y SK Hynix, los proveedores de DRAM en los que se apoya Apple para sus dispositivos. Cuando el mercado está equilibrado, esa dependencia puede gestionarse con contratos, volumen y planificación. Cuando los precios suben con fuerza, en cambio, cada proveedor adicional cuenta. CXMT aparece ahí como una posible vía para sumar capacidad.

La industria de la memoria está muy concentrada en Micron, Samsung y SK Hynix.

Como hemos visto, lo que hay detrás no es solo una subida aislada de precios, sino un cambio de prioridades. La fiebre por la IA ha colocado a la memoria avanzada en el centro del negocio de los centros de datos, especialmente la HBM, necesaria para alimentar aceleradores y servidores de alto rendimiento. Esa demanda ha contribuido a una escasez prolongada de memoria tradicional para electrónica de consumo. Por eso el problema se siente en productos muy distintos: no porque todos usen la misma memoria, sino porque compiten, directa o indirectamente, por una capacidad industrial limitada.

En Apple, esa presión ha terminado llegando al escaparate. La compañía elevó alrededor de un 20% los precios de MacBooks e iPads y atribuyó el movimiento a unos precios de memoria “insostenibles”. El mismo medio sostiene que la decisión tuvo un impacto bursátil inmediato: 263.000 millones de dólares menos de capitalización, la segunda mayor caída diaria de Apple. Conviene leer esas cifras juntas, porque cuentan algo más amplio que una subida concreta: cuando la memoria se dispara, incluso una empresa acostumbrada a proteger sus márgenes empieza a trasladar tensión al producto final.

La expresión “lista negra” ayuda a entender la gravedad del asunto, pero puede llevar a una conclusión demasiado rápida. CXMT está en la lista 1260H del Pentágono por sus presuntos vínculos con el Ejército Popular de Liberación, una etiqueta muy sensible en plena rivalidad tecnológica entre EEUU y China. Sin embargo, según Financial Times, esa designación no impide automáticamente que Apple compre chips a CXMT o a YMTC.

El asunto es lo que ocurriría si EEUU endurece la posición después. El periódico económico británico cuenta que el Departamento de Comercio ya había incluido a CXMT en un paquete de compañías chinas candidatas a entrar en la Entity List, una lista comercial mucho más restrictiva, pero que la Casa Blanca pidió esperar por las negociaciones con Pekín. Ese antecedente explica por qué la compañía querría una señal política antes de moverse. No basta con que una puerta esté abierta hoy si mañana puede cerrarse con Apple dentro.

John Moolenaar, presidente republicano del comité de la Cámara sobre China, dijo al mismo diario que asociarse con una compañía militar china sería “un grave error”. También sostuvo que ayudar al “Partido Comunista Chino” a dominar cadenas de suministro críticas haría a la economía y a la industria tecnológica de EEUU más dependientes de China. La frase resume bien el conflicto: para Apple puede ser una salida de suministro, pero para parte de Washington sería una concesión estratégica.

No sería la primera vez que Apple se encuentra en una posición parecida. En 2022, la compañía ya recibió críticas cuando estudió comprar chips de memoria a YMTC para iPhones destinados al mercado chino. Entonces, Marco Rubio, que era el republicano de mayor rango en el comité de Inteligencia del Senado, dijo al mismo medio que Apple estaba “jugando con fuego”. También advirtió de que la empresa se expondría a un nivel de escrutinio federal inédito si seguía adelante. Aquel episodio funciona ahora como precedente: la memoria china no es un asunto nuevo para Apple, pero el contexto es más tenso.

La paradoja es que todo esto nace de un componente que durante años parecía condenado a pasar desapercibido. La memoria estaba ahí, dentro de los dispositivos, como una parte más de la ficha técnica, hasta que la IA, la escasez, los precios y la rivalidad entre EEUU y China la han convertido en una pieza mucho más visible. Apple busca margen en un mercado cada vez más estrecho, pero la posible salida también tiene un precio estratégico. Y eso resume bien el momento: incluso los componentes más silenciosos pueden acabar en el centro de una disputa global.

Imágenes | Xataka con Nano Banana

En Xataka | Creíamos que habíamos pasado lo peor de la crisis de las memorias. Estábamos totalmente equivocados

Fuente informativa⁣

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