Bajo la superficie terrestre, en zonas inaccesibles incluso para la tecnología más avanzada, el planeta sigue en constante transformación. Aunque la corteza y el manto superior son relativamente conocidos, las regiones más profundas siguen siendo un territorio lleno de incógnitas. Allí, a casi 2.900 kilómetros de profundidad, las condiciones extremas hacen que observar directamente lo que ocurre sea prácticamente imposible.
Un nuevo estudio científico ha conseguido arrojar algo de luz sobre este mundo oculto utilizando un enfoque indirecto: el análisis de ondas sísmicas generadas por terremotos. A partir de una enorme cantidad de datos, los investigadores han logrado reconstruir patrones de comportamiento en las capas más profundas del manto terrestre. El trabajo, publicado en The Seismic Record, amplía de forma notable el alcance de las observaciones previas y ofrece una visión más detallada de los procesos que tienen lugar cerca del núcleo terrestre.
Un método para observar lo invisible
El interior de la Tierra no puede explorarse de manera directa, pero las ondas sísmicas funcionan como una especie de “escáner natural”. Cuando ocurre un terremoto, estas ondas viajan a través del planeta y cambian su velocidad dependiendo del material que atraviesan. Este fenómeno, conocido como anisotropía sísmica, permite a los científicos inferir cómo están organizadas y deformadas las rocas en profundidad.
El estudio se basa en una cantidad excepcional de información: más de 16 millones de registros sísmicos procedentes de miles de estaciones repartidas por todo el mundo. Tal como describe el artículo original, se analizaron decenas de miles de mediciones para estudiar cómo se dividen las ondas al atravesar el manto profundo. En palabras del propio trabajo, la anisotropía es “uno de los indicadores más directos de la deformación causada por el flujo del manto”.
Este enfoque permite detectar cambios en la estructura interna del planeta incluso en regiones donde las diferencias son muy sutiles. Además, a diferencia de estudios anteriores, este análisis alcanza una cobertura cercana al 75% de la capa más profunda del manto, lo que supone un salto importante en la capacidad de observación global.
Un mapa global del manto profundo
Uno de los avances clave del estudio es la creación de un mapa global mucho más detallado de la anisotropía en la llamada capa D″, la zona más baja del manto, justo encima del núcleo. Esta región, de unos 200 a 300 kilómetros de espesor, ha sido históricamente difícil de estudiar debido a la escasez de datos.
Gracias a la enorme base de datos utilizada, los investigadores han podido identificar patrones a escalas mucho más pequeñas que en trabajos anteriores. Según el artículo, “nuestro conjunto de datos muestrea aproximadamente el 75% de la región D″ de la Tierra” , lo que permite observar variaciones regionales con mayor precisión.
En la práctica, esto significa que ahora se pueden detectar zonas donde las rocas del manto profundo están siendo deformadas activamente. Estas deformaciones afectan a la forma en que las ondas sísmicas se propagan, dejando una huella que los científicos pueden interpretar.
Además, como se aprecia en los mapas del estudio, la distribución de los datos no es uniforme, pero sí lo suficientemente amplia como para identificar tendencias globales. Esto permite comparar regiones y buscar patrones comunes en todo el planeta.
La clave aparece en las placas que se hundieron hace millones de años
El hallazgo más importante del estudio no aparece al principio, sino cuando se analizan en conjunto todos estos datos. Al superponer el mapa de anisotropía con otros modelos geológicos, los investigadores encontraron una coincidencia clara: muchas de las zonas donde se detecta deformación profunda están relacionadas con antiguas placas tectónicas que se hundieron en el pasado.
Según el propio artículo científico, “la anisotropía sísmica se encuentra en aproximadamente dos tercios del área muestreada” . Pero lo más relevante es dónde aparece: con mucha mayor frecuencia en regiones asociadas a estos restos de placas, conocidas como slabs subducidos.
Este resultado refuerza una idea que ya se había planteado en modelos teóricos, pero que hasta ahora no se había demostrado con un alcance global. Las placas tectónicas, al hundirse en el manto, no desaparecen sin más: pueden descender hasta las zonas más profundas y seguir influyendo en la dinámica interna del planeta durante millones de años.
En términos simples, el fondo del manto no es una capa estática. Está marcado por la historia de la superficie terrestre, donde los continentes y océanos han ido cambiando de forma a lo largo del tiempo.

Cómo se deforma el material a esas profundidades
La presencia de estas antiguas placas no solo explica dónde ocurre la deformación, sino también cómo se produce. A esas profundidades, las condiciones de presión y temperatura son extremas, lo que provoca que los minerales adopten estructuras diferentes a las que tienen en la superficie.
El estudio señala que en estas zonas podría ser clave un mineral llamado post-perovskita, cuya estructura favorece la alineación de los cristales cuando el material se deforma. Este proceso genera una orientación preferente que afecta directamente a la velocidad de las ondas sísmicas.
Tal como recoge el artículo, “la anisotropía sísmica observada es consistente con la orientación cristalográfica preferente de la post-perovskita”. Esto sugiere que no solo importa el movimiento del material, sino también su composición y estructura interna.
Además, las propias placas al llegar al límite con el núcleo pueden deformarse, plegarse y expandirse lateralmente, lo que genera tensiones adicionales en el entorno. Este comportamiento contribuye a crear patrones complejos que se reflejan en los datos sísmicos.
Un sistema dinámico que conecta superficie y profundidad
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que conecta procesos que ocurren en la superficie con lo que sucede a miles de kilómetros de profundidad. Las placas tectónicas que hoy forman montañas o provocan terremotos pueden terminar influyendo en regiones cercanas al núcleo terrestre.
El trabajo concluye que existe un vínculo claro entre la tectónica de placas y la dinámica del manto profundo. En sus propias palabras, los resultados “confirman el vínculo largamente asumido entre los procesos de subducción en la superficie y la deformación del manto más profundo”.
Este tipo de conexión es fundamental para entender cómo funciona el planeta como un sistema integrado. No se trata de capas aisladas, sino de un conjunto de procesos interrelacionados que operan a escalas de tiempo y espacio muy diferentes.
Además, la coincidencia no es casual. La relación estadística refuerza la idea de que estos restos geológicos juegan un papel central en la dinámica profunda.
Lo que aún queda por entender
A pesar de estos avances, el estudio también deja claro que todavía hay muchas preguntas abiertas. Por ejemplo, no siempre es posible determinar con precisión la dirección del flujo del material o distinguir entre distintos tipos de deformación.
Los propios autores reconocen limitaciones en la resolución de los datos y en la capacidad para interpretar ciertos patrones. Además, algunas regiones del manto profundo siguen estando poco muestreadas, lo que dificulta obtener una imagen completamente global.
Sin embargo, el trabajo marca un punto de inflexión. Al triplicar el área analizada respecto a estudios anteriores, abre la puerta a investigaciones más detalladas en el futuro. También demuestra el valor de combinar grandes bases de datos con nuevos métodos de análisis.
En última instancia, lo que emerge es una imagen del interior terrestre mucho más activa y compleja de lo que se pensaba. Un lugar donde los movimientos lentos pero constantes del manto siguen moldeando el planeta desde las profundidades.
Referencias
- Wolf, J., Romanowicz, B., Garnero, E., Zhu, W., & West, J. D. (2026). Widespread Deformation at the Base of the Mantle Linked to Subducted Slabs. The Seismic Record, 6(2), 117–127. https://doi.org/10.1785/0320260001.
Fuente informativa
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