Había algo desconcertante en aquellos fósiles guardados desde hacía décadas en un museo de Wisconsin. Algunos parecían pequeños ciempiés enrollados; otros recordaban a diminutas orugas petrificadas. Todos procedían de unas rocas marinas formadas hace unos 437 millones de años y, pese a haber sido descubiertos en los años ochenta, nadie había logrado explicar exactamente qué eran.
Ahora, un equipo internacional de paleontólogos ha desvelado el misterio. Tal y como ha revelado un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B, aquellos restos pertenecen a una criatura desconocida hasta ahora: Waukartus muscularis, un artrópodo marino que podría ocupar una posición clave en la evolución de los ciempiés y milpiés modernos.
El hallazgo no solo añade una nueva especie al árbol de la vida. También obliga a replantear una idea que parecía bastante asentada entre los expertos: que ciertas patas adaptadas para caminar surgieron como respuesta a la vida terrestre. Según indican los investigadores, esas extremidades ya existían cuando estos animales seguían viviendo bajo el agua.
El fósil procede de la llamada Lagerstätte de Waukesha, en el estado de Wisconsin, uno de esos yacimientos excepcionales capaces de conservar tejidos blandos que normalmente desaparecen tras la muerte. En aquel ecosistema del Silúrico temprano no había bosques, insectos ni vertebrados terrestres. La zona era una costa tropical cercana al ecuador, con aguas poco profundas y pobres en oxígeno donde quedaban atrapados cadáveres de animales marinos.
Ese entorno permitió conservar detalles extraordinarios. Los científicos analizaron 35 ejemplares de Waukartus, algunos de apenas unos centímetros de longitud. En varios de ellos aparecían restos de musculatura fosilizada, estructuras internas e incluso posibles huellas de órganos blandos. Tal y como señala el trabajo, ciertos tejidos quedaron reemplazados por francolita, un mineral fosfatado que actuó como una especie de molde microscópico del cuerpo original.
Un animal que parecía adelantado a su tiempo
A primera vista, Waukartus muscularis recuerda a un pequeño milpiés acuático. Tenía un cuerpo segmentado, flexible y alargado, compuesto por al menos 11 segmentos y múltiples pares de patas. En la parte frontal presentaba varias apéndices cefálicos más cortos que quizá utilizaba para detectar alimento o explorar el entorno marino.
Pero lo verdaderamente llamativo estaba en sus patas.
La mayoría de artrópodos marinos antiguos —como trilobites o crustáceos primitivos— poseían extremidades ramificadas. Una parte servía para caminar y otra actuaba como estructura respiratoria o natatoria. Waukartus, sin embargo, había perdido esa “segunda rama”. Sus patas eran unirrámeas: simples, estrechas y diseñadas únicamente para desplazarse.
Ese detalle es crucial porque el mismo tipo de extremidad aparece hoy en ciempiés, milpiés, insectos y arácnidos terrestres. Durante años, muchos paleontólogos interpretaron esa simplificación anatómica como una adaptación para moverse sobre tierra firme. El nuevo fósil sugiere algo muy distinto.
Según el estudio, Waukartus seguía siendo un animal marino que probablemente caminaba lentamente sobre el fondo oceánico. Sus patas, por tanto, evolucionaron antes de abandonar el agua. En otras palabras: los ancestros de los miriápodos ya estaban “equipados” para la vida terrestre millones de años antes de dar el salto definitivo a tierra.
Este fósil demuestra que algunas de las adaptaciones asociadas a la vida terrestre aparecieron millones de años antes de que estos animales abandonaran el mar.
El eslabón perdido de los miriápodos
El problema con la evolución de los miriápodos siempre ha sido la escasez de fósiles intermedios. Los primeros ciempiés claramente terrestres aparecen en el registro fósil bastante después, cuando muchas de sus características modernas ya estaban plenamente desarrolladas. Waukartus llena parte de ese vacío.
Los análisis filogenéticos realizados por los investigadores sitúan a esta criatura muy cerca de la base evolutiva de los miriápodos. Estaría justo antes de otro extraño grupo de artrópodos llamados euticarcinoides, considerados parientes tempranos de ciempiés y milpiés.
Eso convierte al fósil de Wisconsin en una especie de instantánea evolutiva: un animal que aún vivía en el mar, pero que ya mostraba rasgos anatómicos asociados con la futura conquista terrestre.
Además, el estudio aporta pistas sobre cómo era el cuerpo de aquellos ancestros remotos. Waukartus conservaba una musculatura compleja, un endoesqueleto interno de aspecto “escaleriforme” y un tronco lo bastante flexible como para desplazarse mediante movimientos ondulantes similares a los de algunos artrópodos actuales.
Los científicos también encontraron estructuras posteriores en forma de cuchilla cuya función sigue siendo un misterio. Podrían haber servido para estabilizar el cuerpo o participar en la locomoción, aunque todavía no existe una respuesta definitiva.

Los fósiles pertenecen a un ecosistema marino tropical de hace unos 437 millones de años, cuando Wisconsin estaba cerca del ecuador.
Un fósil que cambia la historia de la vida terrestre
La importancia del descubrimiento va mucho más allá de una nueva especie extraña.
Uno de los conceptos más interesantes que plantea el estudio es el de “exaptación”: características que evolucionan inicialmente para una función y después terminan siendo útiles para otra completamente distinta. Las patas simples de Waukartus quizá no aparecieron para caminar sobre tierra, pero millones de años más tarde permitieron que sus descendientes colonizaran el medio terrestre con enorme éxito.
Hoy existen más de 13.000 especies de miriápodos repartidas prácticamente por todos los continentes. Algunos viven en cuevas profundas, otros bajo tierra y muchos forman parte esencial de los ecosistemas forestales. Pero su historia comenzó mucho antes de lo que se pensaba y, según parece, todavía bajo el mar.
El hallazgo también demuestra la importancia de los yacimientos excepcionales como Waukesha. Tal y como destaca el estudio, este enclave conserva una mezcla poco habitual de organismos “arcaicos” propios del Cámbrico junto a formas más modernas del Silúrico, ofreciendo una ventana única a uno de los grandes momentos de transición en la historia evolutiva.
Y quizá lo más sorprendente es que estos fósiles llevaban décadas esperando en cajones de museo. Solo ahora, gracias a nuevas técnicas de análisis y a una revisión detallada, han empezado a contar una historia que cambia la manera de entender cómo algunos animales aprendieron a conquistar la Tierra.
Referencias
- Derek E. G. Briggs et al, A marine stem-myriapod from the Silurian Waukesha Lagerstätte, Wisconsin, USA: terrestrial traits pre-date the transition to land, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026). DOI: 10.1098/rspb.2026.0131
Fuente informativa
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