Durante décadas, los científicos supieron cómo terminó la era de los dinosaurios. Un gigantesco asteroide impactó contra la Tierra hace 66 millones de años en la actual península de Yucatán, en México, desencadenando una extinción masiva que acabó con aproximadamente el 75% de las especies del planeta. Sin embargo, había una pregunta mucho más difícil de responder: ¿cómo fueron exactamente las primeras horas tras el impacto?
Un yacimiento conocido como Tanis, situado en la formación Hell Creek de Dakota del Norte, podría estar ofreciendo por primera vez una respuesta extraordinariamente detallada. Allí, paleontólogos encontraron hace unos años un auténtico “instante congelado” del desastre: peces amontonados unos sobre otros, árboles arrancados de cuajo, restos marinos mezclados con fauna de agua dulce y diminutas esferas de vidrio incrustadas en las branquias de animales que, aparentemente, seguían vivos mientras el material expulsado por el impacto caía todavía desde el cielo.
El estudio principal, publicado en la revista científica PNAS y liderado por Robert DePalma, describe el lugar como un depósito sedimentario generado apenas minutos u horas después del impacto de Chicxulub. Tal y como indica el trabajo, originalmente publicado en 2019, el yacimiento registra una violenta inundación que penetró tierra adentro y sepultó rápidamente a centenares de organismos en un evento de enorme energía.
Lo más llamativo no es únicamente la violencia del episodio, sino la precisión temporal que parece conservar el yacimiento. Los investigadores sostienen que los animales murieron mientras pequeñas esférulas de roca fundida —expulsadas a la atmósfera tras el impacto— seguían cayendo sobre Norteamérica. Algunas de ellas quedaron atrapadas en ámbar; otras, directamente dentro de las branquias de peces similares a esturiones y peces espátula.
Ese detalle ha convertido a Tanis en uno de los yacimientos más debatidos y fascinantes de la paleontología moderna.
Un cementerio fósil creado en menos de una hora
La escena reconstruida por los investigadores resulta casi cinematográfica. Tras el impacto del asteroide en el Golfo de México, enormes ondas sísmicas atravesaron el continente. Según el estudio, esas vibraciones habrían llegado a la región de Tanis apenas diez minutos después de la colisión.
En aquel momento, Dakota del Norte no era un paisaje seco como el actual. Parte de Norteamérica estaba ocupada por una inmensa vía marítima interior conocida como Western Interior Seaway, un brazo de mar que dividía el continente en dos. El lugar donde hoy se encuentra Tanis era entonces una zona fluvial conectada con ese sistema marino.
Tal y como ha revelado el equipo científico, las ondas sísmicas habrían provocado un gigantesco seiche, un fenómeno parecido al agua que se agita violentamente dentro de una bañera durante un terremoto. En lugar de una única ola oceánica como un tsunami convencional, el agua habría comenzado a desplazarse de forma caótica tierra adentro y después en dirección contraria.
El resultado fue devastador. Una enorme masa de agua penetró por el cauce del río, arrancó árboles, arrastró organismos marinos y lanzó peces sobre bancos de arena y sedimentos blandos. Muchos quedaron enterrados casi de inmediato bajo capas de arena y limo, lo que explica su extraordinario estado de conservación.
Los científicos creen que al menos dos grandes oleadas sucesivas afectaron al lugar. Entre una y otra seguían cayendo desde el cielo las esférulas vítreas generadas por el impacto.
Las esférulas atrapadas en las branquias indican que los peces seguían vivos mientras el material expulsado por el impacto todavía caía desde el cielo.
Las esferas de vidrio que cayeron del cielo
Uno de los elementos más sorprendentes del yacimiento son las llamadas esférulas o tectitas. Se trata de pequeñas gotas de roca fundida que fueron expulsadas a enorme velocidad tras el impacto del asteroide y que posteriormente se solidificaron mientras atravesaban la atmósfera.
En Tanis aparecen por todas partes. Algunas miden apenas milímetros; otras alcanzan tamaños mucho mayores. Pero lo realmente excepcional es dónde se encontraron.
Más de la mitad de los peces analizados presentaban acumulaciones de estas partículas en sus branquias. Tal y como explica el paper, eso sugiere que los animales estaban respirando mientras las esférulas caían al agua.
La interpretación es importante porque las tectitas pueden desplazarse y redepositarse con el paso del tiempo en otros yacimientos. Sin embargo, encontrarlas atrapadas en órganos respiratorios cambia completamente el escenario temporal.

Los peces no pudieron inhalarlas millones de años después. Murieron prácticamente al mismo tiempo que el material expulsado por Chicxulub regresaba a la superficie terrestre.
Además, los investigadores encontraron esférulas perfectamente preservadas dentro de piezas de ámbar. La resina de antiguos árboles actuó como una cápsula de tiempo, sellando partículas de vidrio que apenas sufrieron alteración química durante millones de años.
El análisis geoquímico realizado por el equipo mostró una composición prácticamente idéica a la de otros materiales asociados al impacto de Chicxulub hallados en México y el Caribe.
Los investigadores creen que una gigantesca ola generada tras el impacto arrastró peces, árboles y organismos marinos tierra adentro antes de sepultarlos rápidamente.
Un hallazgo que cambia la escala temporal de la extinción
Hasta ahora, gran parte de las pruebas sobre la extinción de los dinosaurios procedían de capas geológicas formadas durante años, décadas o incluso siglos posteriores al impacto. Tanis es distinto.
Aquí, los científicos creen estar observando un intervalo de tiempo extremadamente corto: quizá menos de dos horas.
El depósito contiene una mezcla caótica de organismos marinos y terrestres. Aparecen ammonites marinos junto a peces de río, troncos carbonizados, microorganismos oceánicos e incluso restos atribuidos a dinosaurios.

Según el estudio, encima de todo ese nivel aparece la famosa capa rica en iridio que marca el límite entre el Cretácico y el Paleógeno, la misma señal química encontrada en todo el planeta y asociada al impacto del asteroide.
Ese detalle es crucial porque permite situar el depósito exactamente en el momento de la catástrofe global.
Walter Alvarez, uno de los científicos que en los años setenta impulsó la hipótesis del impacto extraterrestre como causa de la extinción, participó también en el estudio de Tanis. Tal y como explicó el propio investigador en el comunicado difundido por la Universidad de Berkeley, jamás imaginó que algún día aparecería un “lecho de muerte” fosilizado con víctimas directas del evento.
El debate científico alrededor de Tanis
A pesar del enorme interés generado por el yacimiento, Tanis también se ha convertido en foco de controversia científica.
Buena parte de la comunidad paleontológica acepta que el depósito representa un evento extremadamente próximo al impacto de Chicxulub. Sin embargo, algunos investigadores han pedido prudencia respecto a ciertas interpretaciones más espectaculares.
Las principales dudas no se centran en los peces o en las esférulas, considerados los elementos más sólidos del estudio, sino en algunas afirmaciones posteriores relacionadas con dinosaurios concretos supuestamente muertos el mismo día del impacto.
Documentales y reportajes posteriores mencionaron una pata excepcionalmente conservada de Thescelosaurus, piel de Triceratops o incluso un embrión de pterosaurio. No obstante, gran parte de ese material todavía no ha sido descrito en publicaciones científicas revisadas por pares.
También ha habido polémicas relacionadas con el acceso restringido al yacimiento y con cuestiones metodológicas vinculadas a investigaciones posteriores. Aun así, incluso los críticos más cautelosos reconocen que Tanis representa un hallazgo extraordinario. Porque, más allá de los debates, el yacimiento parece conservar algo extremadamente raro en geología: una secuencia casi instantánea de acontecimientos.

El depósito fósil mezcla organismos marinos y de agua dulce en una escena caótica que refleja la violencia extrema del evento.
Un instante congelado del peor día de la Tierra
Lo que hace especial a Tanis no es solo la abundancia de fósiles ni la espectacularidad de sus imágenes. Es la sensación de inmediatez.
En la mayoría de yacimientos paleontológicos, el tiempo aparece comprimido en escalas difíciles de imaginar. En Tanis, en cambio, los investigadores creen poder seguir casi minuto a minuto la llegada de las ondas sísmicas, el movimiento violento del agua, la caída de las esférulas y el enterramiento final de los organismos.
Como si la Tierra hubiera conservado una grabación geológica del día en que terminó el reinado de los dinosaurios.
Aún quedan muchas preguntas abiertas. Los científicos continúan excavando el lugar y analizando nuevos materiales. Pero, incluso con las incertidumbres existentes, Tanis ya ocupa un lugar singular en la historia de la paleontología moderna.
Porque pocos yacimientos permiten acercarse tanto al instante exacto en que el planeta cambió para siempre.
Fuente informativa
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