Cábalas, rituales, comidas, habitaciones de la suerte y tradiciones curiosas: las supersticiones que rodean a las selecciones durante el Mundial
En un Mundial no todo se explica con tácticas, estadísticas y estado físico. También hay cábalas. Y muchas.
Los jugadores suelen decir que no creen demasiado en esas cosas, pero después repiten medias, comidas, canciones, recorridos, asientos en el micro o rutinas de vestuario si alguna vez les trajo suerte. En el fútbol, donde un rebote puede cambiar la historia, cualquier gesto que dé sensación de control se vuelve importante.
El Mundial 2026 ya empezó a dejar nuevas historias de este tipo. Algunas son simpáticas, otras tienen más de tradición que de superstición. Pero todas muestran algo muy futbolero: cuando hay una Copa del Mundo en juego, nadie quiere tentar a la mala suerte.
Argentina y las cábalas que nunca se rompen
Si hay un país experto en cábalas futboleras, ese es Argentina. La selección campeona del mundo volvió a quedar rodeada de rituales, desde el asado previo hasta pequeños gestos de los jugadores antes de salir a la cancha. En medios españoles se volvió a hablar incluso de la habitación de Lionel Messi: en Qatar 2022 ocupó la 201, número que muchos hinchas asociaron simbólicamente con la tercera estrella. Para 2026, la habitación 202 fue leída por algunos fanáticos como un guiño a una posible cuarta.
Más allá de que nadie puede demostrar que eso influya en un resultado, las cábalas argentinas funcionan como una forma de confianza compartida. Si algo salió bien una vez, mejor no tocarlo.
Japón y el vestuario impecable
Lo de Japón es distinto. No es exactamente una superstición, pero sí una tradición que el mundo ya asocia con su selección y sus hinchas: dejar todo limpio después del partido.
En el Mundial 2026, tras el empate 2-2 ante Países Bajos en Dallas, medios locales destacaron que los jugadores japoneses dejaron el vestuario en perfecto estado, mientras sus aficionados también fueron vistos recogiendo basura en las tribunas.
Para muchos japoneses, no se trata de “buena suerte”, sino de respeto. Pero en el fútbol, cualquier hábito que se repite antes o después de cada partido termina convertido en parte del ritual.
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La “maldición” de la estatua de Rocky
Una de las supersticiones más curiosas del Mundial 2026 tiene como protagonista a la estatua de Rocky Balboa en Filadelfia.
Según la leyenda deportiva local, los equipos cuyos fanáticos visten la estatua con sus colores suelen terminar perdiendo. En plena Copa del Mundo, la historia volvió a circular después de que hinchas de Ecuador decoraran la estatua antes del partido y su selección cayera 1-0 ante Costa de Marfil.
La advertencia, entre broma y superstición, es clara: mirar la estatua, sí; vestirla, mejor no.
Las medias, la ropa interior y el asiento “de la suerte”
En casi todas las selecciones hay jugadores que repiten prendas, usan siempre las mismas medias o mantienen un orden exacto para vestirse antes de cada partido.
No siempre lo cuentan en público, pero es una práctica común. En el fútbol, esos pequeños rituales ayudan a bajar la ansiedad y a crear una rutina familiar antes de un momento de máxima presión.
También pasa entre hinchas. Si un equipo ganó mientras alguien miraba el partido en determinado sillón, con cierta camiseta o junto a la misma persona, es probable que la escena se repita en el próximo encuentro.
Comer lo mismo antes de jugar
Otra superstición bastante extendida es repetir la misma comida antes de un partido importante. Para algunos planteles es una cuestión nutricional. Para otros, una cábala disfrazada de rutina. Si una cena, un desayuno o incluso un postre coincidió con una victoria, puede quedar incorporado al “manual invisible” del equipo.
Argentina, por ejemplo, suele darle al asado un lugar simbólico enorme: no solo como comida, sino como forma de unión del grupo.
Por qué los futbolistas creen en cábalas
Los psicólogos deportivos suelen explicar que los rituales no cambian el resultado por sí mismos, pero sí pueden ayudar a ordenar la mente. En un partido, hay demasiadas cosas que un jugador no controla: el árbitro, el rival, el clima, el estado del campo o un error inesperado.
Una cábala ofrece algo pequeño sobre lo cual apoyarse. Por eso, aunque parezcan extrañas, muchas supersticiones cumplen una función emocional: dan calma, refuerzan la confianza y ayudan a entrar en competencia con una sensación de continuidad.
Ninguna selección gana una Copa del Mundo por usar las mismas medias o por dormir en una habitación determinada. Pero el fútbol nunca fue solo lógica. También es memoria, miedo, deseo, presión y fe. Y, en ese terreno, las cábalas tienen un lugar asegurado. Porque mientras haya una pelota, un himno y millones de personas esperando un resultado, siempre habrá alguien repitiendo el mismo gesto para no romper la suerte.
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