El calor continúa siendo uno de los fenómenos meteorológicos más letales en la Ciudad de Nueva York.
Un nuevo informe del Departamento de Salud municipal reveló que, en promedio, alrededor de 500 neoyorquinos mueren cada año por causas relacionadas con las altas temperaturas, una cifra que pone en evidencia el creciente impacto del cambio climático sobre la salud pública. La mayoría de estos fallecimientos no se deben directamente a golpes de calor, sino a enfermedades preexistentes que se agravan durante los períodos de calor intenso.
Ante esta realidad, las autoridades anunciaron la incorporación de 3 nuevos centros de enfriamiento permanentes en los Centros de Acción de Salud Comunitaria ubicados en Brownsville, East Harlem y Tremont, vecindarios identificados como algunos de los más vulnerables a los efectos del calor extremo. La medida busca acercar espacios seguros con aire acondicionado a comunidades donde las enfermedades y muertes relacionadas con el calor ocurren con mayor frecuencia.
“El calor es un asesino silencioso pero letal”, afirmó el comisionado de Salud de la Ciudad de Nueva York, Dr. Alister Martin. El funcionario destacó que estas muertes son prevenibles y subrayó la necesidad de seguir ampliando el acceso al aire acondicionado, la energía asequible y las protecciones laborales para quienes trabajan expuestos a altas temperaturas. Según el informe, la ciudad enfrenta veranos cada vez más calurosos y prolongados, una tendencia directamente vinculada al calentamiento global.
La mayoría de las muertes ocurren en días que no son considerados extremos
Uno de los hallazgos más llamativos del informe es que aproximadamente el 80% de las muertes relacionadas con el calor se producen durante días calurosos comunes, cuando las temperaturas oscilan entre 82 y 94°F (28 y 34°C). Aunque estos días no alcanzan los umbrales que activan alertas de calor extremo, representan una amenaza significativa porque son mucho más frecuentes a lo largo del verano.
Los expertos estiman que entre 2014 y 2023 ocurrieron cerca de 490 muertes anuales agravadas por el calor, equivalentes a aproximadamente el 3% de todas las muertes registradas entre mayo y septiembre. Las investigaciones muestran que el riesgo aumenta progresivamente a medida que sube la temperatura y que, incluso, varios días consecutivos de calor moderado pueden tener consecuencias mortales para personas con enfermedades cardíacas, respiratorias o metabólicas.
El informe también documenta el impacto de las olas de calor más severas. Durante un evento extremo ocurrido en junio de 2025, la ciudad registró 19 muertes por estrés térmico en apenas cuatro días. Las temperaturas alcanzaron índices de calor superiores a los 100°F (38°C) y marcaron récords históricos en algunos puntos de la ciudad. Como resultado, el promedio anual de muertes por estrés térmico aumentó de 5 a 7 fallecimientos por año en la última década.
Desigualdades raciales y económicas agravan el riesgo
El estudio confirma que los efectos del calor no se distribuyen de manera uniforme entre la población. Los neoyorquinos afroamericanos registran tasas de mortalidad por estrés térmico 3 veces superiores a las de los residentes blancos, mientras que los latinos presentan tasas aproximadamente 2 veces más altas. Además, los barrios con mayores índices de pobreza concentran una proporción significativa de las muertes relacionadas con el calor.
Según los investigadores, estas diferencias reflejan décadas de desigualdad estructural que afectan el acceso a viviendas adecuadas, atención médica, energía asequible y sistemas de enfriamiento. Los datos muestran que Brooklyn y El Bronx presentan algunas de las tasas más elevadas de mortalidad por calor, coincidiendo con áreas donde existen mayores niveles de vulnerabilidad económica y ambiental.
Otro factor clave es la falta de aire acondicionado. Entre los casos analizados, la mayoría de las personas que murieron por estrés térmico estuvieron expuestas al calor dentro de sus propios hogares. Ninguna de las víctimas cuya situación pudo verificarse contaba con un sistema de aire acondicionado funcionando al momento de la exposición. Incluso se detectaron casos en los que el uso exclusivo de ventiladores resultó insuficiente para evitar consecuencias fatales durante episodios de calor extremo.
Las autoridades advierten que el desafío seguirá creciendo. El informe muestra que el número de días con temperaturas superiores a 86°F (30°C) se ha más que duplicado en las últimas 5 décadas, una tendencia que continuará acelerándose por efecto del cambio climático. Por ello, la ciudad apuesta por una combinación de medidas que incluyen ampliar el acceso al aire acondicionado, fortalecer la red de centros de enfriamiento, impulsar proyectos de arborización urbana y garantizar que las familias de bajos ingresos puedan afrontar los costos energéticos durante el verano.
De cara a los próximos meses, las autoridades recuerdan que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. Permanecer en lugares con aire acondicionado, mantenerse hidratado, revisar regularmente a adultos mayores y personas con problemas de movilidad, y acudir a un centro de enfriamiento cuando sea necesario pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte durante los días más calurosos del año.
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