Videojuegos en Rikers: una herramienta inesperada para la rehabilitación de internos


En el complejo carcelario de Rikers Island, una de las prisiones más controvertidas de Estados Unidos, los videojuegos se han convertido en una herramienta inesperada dentro de la rutina diaria de los internos, ya que se han convertido en una vía efectiva para reducir la violencia y fomentar la rehabilitación de los internos.

Según un reportaje publicado por el New York Times, para muchos internos, los videojuegos representan mucho más que entretenimiento. Talik Thomas, de 22 años, pasó meses en Rikers antes de su liberación y encontró en los juegos una forma de sobrellevar el encierro.

Sin acceso libre a internet, Thomas incluso resolvía acertijos complejos de juegos como Daymare: 1998 con lápiz y papel. “Te obliga a pensar activamente y te ayuda a pasar el tiempo”, relató.

En un entorno descrito por expertos como hostil y peligroso, donde han ocurrido múltiples muertes bajo custodia en los últimos años, estas actividades ofrecen una sensación de normalidad. “Es una forma de recordar quién eres, de no estar siempre en alerta”, explicó.

Otros internos coinciden. Jesús Thompson, de 21 años, aseguró que jugar le permite desconectarse momentáneamente de la realidad carcelaria: “Es un espacio donde puedo olvidarme de lo que pasa alrededor”.

Estrategia para reducir la violencia

Las autoridades defienden el programa como parte de un enfoque más amplio de rehabilitación. Según funcionarios del Departamento de Corrección, el acceso a videojuegos está condicionado al buen comportamiento, lo que funciona como incentivo para evitar conflictos.

En áreas como el centro PEACE (Programa, Educación y Participación Comunitaria), los reclusos pueden acceder a consolas modernas, simuladores de manejo y otras actividades educativas. Sin embargo, no todos los juegos están permitidos.

Títulos con violencia realista, como Call of Duty o Grand Theft Auto VI, están prohibidos. En cambio, se permiten juegos con violencia considerada “fantástica” o deportiva.

Funcionarios sostienen que estas medidas han ayudado a disminuir incidentes dentro de ciertas unidades. “Es una herramienta más dentro de un conjunto de programas educativos, vocacionales y terapéuticos”, señalaron.

No todos los reclusos tienen acceso a los videojuegos; requieren tener buen comportamiento y otras cosas para gozar de este privilegio que también se ha vuelto una terapia. (Foto: Shutterstock)

Críticas por el uso de fondos públicos

No todos están convencidos. La revelación del gasto en este rubro, destapada en 2024 por el New York Post, ha generado indignación, especialmente entre algunos trabajadores del sistema penitenciario.

“Hay personas sin hogar que no tienen nada, pero en la cárcel se gastan miles en videojuegos”, criticó un oficial correccional con más de 15 años de experiencia.

Para los detractores, este tipo de inversiones envía un mensaje equivocado sobre las prioridades del sistema, especialmente en una ciudad donde persisten problemas de vivienda y desigualdad.

Beneficios más allá del entretenimiento

Expertos en comportamiento y rehabilitación ofrecen una perspectiva diferente. Investigaciones académicas han demostrado que los videojuegos pueden fomentar habilidades sociales, trabajo en equipo y regulación emocional.

Además, en entornos cerrados como las prisiones, donde las opciones de interacción son limitadas, los juegos pueden facilitar la conexión entre personas que de otro modo no interactuarían.

También se han explorado programas más estructurados, como talleres que utilizan videojuegos para enseñar creatividad, narrativa e incluso educación financiera. Estas iniciativas buscan transformar el tiempo de ocio en oportunidades de aprendizaje.

Un debate sin resolución clara

La controversia refleja un dilema más amplio sobre el propósito del sistema penitenciario: castigo Vs. rehabilitación.

Mientras la ciudad de Nueva York planea cerrar Rikers Island antes de 2027 (aunque es probable que no cumpla ese plazo), iniciativas como esta ponen sobre la mesa preguntas difíciles sobre cómo mejorar las condiciones dentro de las cárceles sin perder de vista la rendición de cuentas.

Para algunos internos, sin embargo, la respuesta es más simple. Los videojuegos no son un lujo, sino una herramienta para sobrevivir emocionalmente al encierro.

“Es lo que ayuda a muchos a mantenerse alejados de problemas”, dijo Thomas. “Sin eso, habría más conflictos”.

En medio de la polémica, los controles de PlayStation siguen pasando de mano en mano dentro de las unidades. Para quienes están tras las rejas, cada partida representa algo más que un juego: es una pausa, una distracción y, en algunos casos, una oportunidad de cambio.

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