Santo Domingo.- Una manifestación nacida hace más de un siglo continúa siendo una de las expresiones ciudadanas más utilizadas para denunciar inconformidades sociales y políticas. En República Dominicana volvió a escucharse tras la convocatoria realizada por la rapera Melymel.
El sonido de ollas, sartenes y cucharas volvió a escucharse en distintos sectores del Distrito Nacional. La convocatoria, impulsada por la artista urbana Melymel en rechazo a las actuaciones de la Policía Nacional tras la muerte del joven Darlin Mercado, reunió a ciudadanos desde balcones, ventanas y calles de sectores como Mirador Sur, Bella Vista, Naco, El Millón y Evaristo Morales.
Aunque para muchos dominicanos el cacerolazo representa una forma reciente de protesta, su historia se remonta a casi dos siglos y ha acompañado algunos de los momentos políticos y sociales más convulsos de América Latina.
Un origen que se remonta al siglo XIX
Si bien no existe consenso absoluto sobre su nacimiento, historiadores sitúan las primeras manifestaciones similares en Francia alrededor de 1830, cuando grupos de ciudadanos golpeaban utensilios de cocina durante las noches para expresar su rechazo al gobierno del rey Luis Felipe I. Aquellas protestas se popularizaron pocos años después y llegaron incluso a algunas colonias francesas en África.
Sin embargo, fue en América Latina donde el cacerolazo adquirió la identidad con la que hoy se conoce.
Chile: el punto de partida
El primer gran antecedente latinoamericano ocurrió en Chile el 2 de diciembre de 1971 con la denominada Marcha de las Cacerolas Vacías.
Miles de mujeres pertenecientes, en su mayoría, a sectores acomodados salieron a las calles de Santiago golpeando ollas vacías para protestar contra el gobierno del presidente Salvador Allende, denunciando la escasez de productos básicos y la situación económica del país.
Lo que comenzó como una manifestación impulsada por grupos opositores al gobierno terminó transformándose, pocos años después, en una herramienta utilizada por sectores completamente distintos.
Tras el golpe de Estado de 1973 y durante la dictadura de Augusto Pinochet, los cacerolazos fueron retomados por ciudadanos que se oponían al régimen militar. Debido al toque de queda y la fuerte represión, muchas personas protestaban desde sus propias viviendas haciendo sonar ollas y sartenes sin exponerse directamente a las fuerzas de seguridad.
Aquella modalidad convirtió al cacerolazo en un símbolo de resistencia pacífica.
Una protesta que cruzó fronteras
Con el paso de los años, el sonido metálico de las cacerolas dejó de ser exclusivo de Chile y comenzó a replicarse en distintos países latinoamericanos como una expresión de inconformidad ciudadana.
En Uruguay fue utilizado durante la dictadura militar entre 1973 y 1985.
Argentina vivió algunos de los cacerolazos más recordados durante la crisis económica y financiera de 2001 y 2002, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles exigiendo soluciones al colapso económico que terminó con la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa.
En Venezuela, las cacerolas volvieron a sonar a partir de 2013 en medio de la crisis económica y política que atraviesa ese país, mientras que Ecuador registró multitudinarias jornadas de cacerolazos durante las protestas contra las medidas de austeridad adoptadas en 2019.
Más recientemente, Chile volvió a convertir el cacerolazo en protagonista durante las movilizaciones sociales de 2019, cuando millones de ciudadanos rechazaron el incremento en la tarifa del Metro de Santiago y denunciaron desigualdades acumuladas durante décadas.
¿Por qué sigue vigente?
Especialistas consideran que el cacerolazo ha sobrevivido al paso del tiempo porque combina varias características que pocas formas de protesta reúnen.
No requiere organización compleja ni grandes recursos; cualquier persona puede participar desde su hogar o desde la vía pública utilizando utensilios cotidianos.
Además, permite manifestarse incluso en contextos de restricciones a la movilidad o temor a represalias, convirtiéndose en una forma de protesta pacífica, visible y difícil de ignorar.
Con el auge de las redes sociales, las convocatorias también se han fortalecido. Lo que antes dependía del voz a voz ahora puede organizarse en cuestión de horas mediante plataformas digitales, ampliando el alcance de las manifestaciones.
República Dominicana también se suma
En el país los cacerolazos han tenido apariciones esporádicas en distintos momentos de tensión social, pero ayer volvieron a cobrar fuerza tras la convocatoria realizada por la rapera Melymel.
A través de sus redes sociales, la artista llamó a los ciudadanos a hacer sonar sus cacerolas cada noche a las 8:00 como forma de expresar su rechazo por la actuación de las autoridades en el caso de Darlin Mercado.
Videos difundidos en redes sociales mostraron el eco de la protesta en varios sectores del Distrito Nacional, donde residentes participaron desde balcones y calles, reviviendo una manifestación cuyo significado trasciende generaciones y fronteras.
Más de cinco décadas después de su consolidación en América Latina, el cacerolazo continúa demostrando que, cuando las palabras parecen insuficientes, el ruido de una olla puede convertirse en una poderosa forma de expresión ciudadana.
Fuente El Caribe
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