Por qué el riesgo cardiovascular no es igual en hombres y mujeres con obesidad, según estudios


La evidencia científica reciente confirma que los riesgos cardiovasculares, metabólicos e inflamatorios derivados de la obesidad no son iguales en hombres y mujeres. Un estudio que será presentado en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), que se celebrará en Estambul del 12 al 15 de mayo, revela diferencias sustanciales en el perfil de complicaciones de salud según el sexo biológico.

Según datos obtenidos por investigadores de la Universidad Dokuz Eylül, en Turquía, los hombres con obesidad tienen mayor predisposición a desarrollar grasa abdominal (visceral) y complicaciones hepáticas, mientras que las mujeres presentan un perfil más inflamatorio y niveles elevados de colesterol LDL.

Estas diferencias en las consecuencias clínicas de la obesidad exigen una evaluación y un manejo médico diferenciados para cada sexo.

Qué diferencias existen en los riesgos cardiovasculares y metabólicos

El análisis de una cohorte de 1,134 adultos con obesidad (886 mujeres y 248 hombres), atendidos en la Clínica de Obesidad de la Universidad Dokuz Eylül, permitió identificar perfiles de riesgo diferenciados. Los hombres presentaron un índice de masa corporal promedio de 37.5 kg/m² y una circunferencia de cintura significativamente mayor (120 cm frente a 108 cm en mujeres), así como niveles más elevados de enzimas hepáticas (ALT y GGT) y triglicéridos. Estos factores están vinculados a un mayor riesgo de complicaciones hepáticas y metabólicas.

Por el contrario, las mujeres con obesidad mostraron cifras superiores de colesterol total (215 mg/dL frente a 203 mg/dL en hombres) y colesterol LDL (130 mg/dL frente a 123 mg/dL), además de niveles más altos de marcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación globular. Este perfil sugiere una mayor susceptibilidad a la inflamación sistémica y a enfermedades cardiovasculares.

La prevalencia del síndrome metabólico —un conjunto de factores de riesgo que incluye obesidad abdominal, dislipidemia, hipertensión y glucosa elevada— afecta aproximadamente a una de cada tres mujeres y a uno de cada cuatro hombres en todo el mundo, según estimaciones de 2023.

Qué explica las diferencias biológicas

La doctora Zeynep Pekel, autora principal de la investigación, explicó que las diferencias en hormonas sexuales, inmunidad y almacenamiento de grasa determinan estos patrones.

El estrógeno favorece el depósito de grasa subcutánea en mujeres y modula la respuesta inflamatoria, lo que se traduce en niveles más altos de ciertos marcadores inflamatorios. Además, el perfil inmunológico femenino suele ser más robusto, en parte por la influencia del cromosoma X.

En los hombres, la acumulación de grasa visceral —alrededor de los órganos internos— está más estrechamente vinculada a complicaciones metabólicas, como la resistencia a la insulina y el daño hepático. Este patrón visceral-hepatometabólico se asocia también con hipertensión arterial y mayor propensión a la hipertrigliceridemia, lo que incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2.

Importancia de adaptar el tratamiento

Estos hallazgos subrayan la necesidad de que médicos y equipos de salud consideren el sexo biológico como un factor central en la estratificación del riesgo y la selección de estrategias terapéuticas para pacientes con obesidad.

“Nuestros resultados indican que las diferencias sexuales podrían ser un paso fundamental para encontrar terapias dirigidas y específicas para cada sexo que ayuden en el manejo de las personas con obesidad”, señaló Pekel.

Un enfoque individualizado permitiría priorizar la reducción de grasa visceral y la protección hepática en hombres, mientras que en mujeres el control del perfil lipídico e inflamatorio sería esencial. Los expertos destacan que futuras investigaciones deben validar estos hallazgos en diferentes poblaciones y profundizar en los mecanismos biológicos subyacentes.

Datos epidemiológicos y limitaciones del estudio

Según el estudio, 1,540 millones de adultos vivían con síndrome metabólico en 2023, lo que representa un desafío creciente para la salud global. La investigación, realizada principalmente en adultos turcos, utilizó mediciones físicas y bioquímicas exhaustivas; sin embargo, presenta limitaciones: su diseño transversal impide establecer relaciones causales y la extrapolación a otras poblaciones requiere cautela. Los autores enfatizan la importancia de ampliar la investigación a grupos poblacionales diversos y de considerar factores genéticos, ambientales y socioeconómicos para mejorar la prevención y el abordaje clínico de las complicaciones asociadas a la obesidad

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