Un equipo internacional de científicos ha confirmado la existencia de un agujero negro supermasivo inactivo con una masa equivalente a 6.000 millones de veces la del Sol, situado a más de 10.000 millones de años luz de la Tierra. Se trata del agujero negro dormido más lejano jamás identificado, un récord que multiplica por 15 la distancia alcanzada por observaciones similares anteriores.
El descubrimiento permite observar un momento extraordinario de la historia cósmica: una época en la que el universo tenía apenas unos 3.000 millones de años, aproximadamente una cuarta parte de su edad actual. Lo más sorprendente es que este gigantesco objeto no emite señales evidentes de actividad. Está prácticamente oculto en la oscuridad, pero su enorme gravedad sigue dejando huellas visibles en las estrellas que lo rodean.
Como una sombra imposible de ver directamente pero capaz de mover todo lo que tiene alrededor, este coloso cósmico ofrece una ventana privilegiada para comprender cómo crecieron los primeros agujeros negros y cómo influyeron en el destino de las galaxias que los albergaron.
Una gigantesca sombra escondida en la galaxia MRG-M0138
El protagonista de este hallazgo se encuentra en el centro de una galaxia denominada MRG-M0138. A diferencia de los agujeros negros activos, que devoran materia y emiten enormes cantidades de radiación, este permanece en estado latente. Eso lo convierte en un objeto extremadamente difícil de detectar.
Los llamados núcleos galácticos activos o cuásares suelen destacar entre los objetos más brillantes del universo porque el gas que cae hacia ellos se calienta y emite energía. Sin embargo, cuando un agujero negro deja de alimentarse, prácticamente desaparece de la vista de los telescopios. Pero hay un detalle que desconcertó a los investigadores.
“El protagonista de este hallazgo se encuentra en el centro de una galaxia denominada MRG-M0138.
Aunque el agujero negro no podía verse directamente, las estrellas cercanas se desplazaban a velocidades extraordinarias. Analizando esos movimientos, los científicos pudieron reconstruir la influencia gravitatoria que estaba actuando en el corazón de la galaxia y calcular así la masa del objeto oculto.
La técnica utilizada recibe el nombre de dinámica estelar y ya había permitido medir agujeros negros en galaxias relativamente cercanas. Sin embargo, nunca antes se había aplicado con éxito a una distancia tan extrema. El salto tecnológico es comparable a identificar el movimiento de una moneda observada desde miles de kilómetros de distancia.
La ayuda inesperada de una lupa creada por el propio universo
Observar detalles internos de una galaxia situada a más de 10.000 millones de años luz parece una misión imposible. Sin embargo, la naturaleza ofreció una solución extraordinaria. Entre la Tierra y MRG-M0138 existe otra galaxia cuya enorme gravedad actúa como una lente natural. Este fenómeno, conocido como lente gravitacional, curva la luz procedente de la galaxia lejana y amplifica su imagen.
Gracias a este efecto, los investigadores lograron aumentar aproximadamente 30 veces la resolución de las observaciones. A esta ventaja natural se sumó el poder del Telescopio Espacial James Webb, capaz de captar detalles imposibles para generaciones anteriores de instrumentos astronómicos.
La combinación de ambas herramientas permitió observar regiones extremadamente cercanas al agujero negro, precisamente donde su gravedad acelera las estrellas de manera más intensa. Por primera vez, los científicos pudieron “pesar” un agujero negro inactivo en una época tan temprana de la historia cósmica.
Unos 6.000 millones de masas solares están concentradas en un único objeto.
Y la cifra obtenida resultó asombrosa: unos 6.000 millones de masas solares concentradas en un único objeto. Pero quizá el hallazgo más importante no sea el tamaño del agujero negro, sino lo que revela sobre la evolución de su galaxia.
El misterio de una galaxia que dejó de fabricar estrellas
Los investigadores descubrieron algo inesperado en torno a MRG-M0138. No solo el agujero negro está inactivo. La galaxia completa parece haber apagado prácticamente su producción de estrellas.
Esta coincidencia podría aportar una pieza fundamental para resolver uno de los grandes enigmas de la cosmología moderna: ¿por qué algunas galaxias dejan de formar nuevas estrellas mientras otras continúan haciéndolo durante miles de millones de años? La hipótesis principal apunta al propio agujero negro.
La galaxia completa parece haber apagado prácticamente su producción de estrellas.
Durante una fase anterior de crecimiento acelerado, el objeto probablemente funcionó como un cuásar extremadamente energético. En ese periodo habría liberado enormes cantidades de radiación y energía capaces de expulsar o calentar el gas interestelar necesario para crear nuevas estrellas.
Sin combustible disponible, la galaxia quedó condenada a un lento envejecimiento. Es una idea fascinante porque sugiere que los agujeros negros no son simples consumidores de materia, sino auténticos arquitectos de la evolución galáctica. Pero hay otra cuestión aún más intrigante.
Si estos gigantes pueden apagar galaxias enteras, ¿cuántos más permanecen ocultos en las profundidades del universo esperando ser descubiertos? Los astrónomos creen que el James Webb podría encontrar muchos más ejemplos durante los próximos años. Cada nuevo hallazgo permitirá reconstruir con mayor precisión la relación entre las galaxias y los monstruos gravitatorios que habitan en sus centros.
Cada nuevo hallazgo permitirá reconstruir con mayor precisión la relación entre las galaxias y los monstruos gravitatorios que habitan en sus centros.
La historia del cosmos se parece cada vez más a un inmenso rompecabezas cuyos fragmentos emergen lentamente desde la oscuridad. Este agujero negro, invisible y silencioso durante más de 10.000 millones de años, acaba de revelar una pieza crucial. Y quizás, en ese eco remoto del universo primitivo, se esconda parte de la respuesta a cómo surgieron las estructuras gigantescas que hoy observamos en el cielo nocturno.
Referencias
- Newman, Andrew B., Meng Gu, Sirio Belli, Richard S. Ellis, et al. “A Stellar Dynamical Mass Measurement of an Inactive Black Hole at Redshift 2.” Science (2026). DOI: 10.1126/science.adx5816.
Fuente informativa
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