Durante décadas, los dinosaurios, los primeros peces y las grandes extinciones han acaparado buena parte de la atención cuando se habla de la historia temprana de la vida. Sin embargo, una nueva investigación acaba de situar a unos protagonistas mucho más discretos en el centro de esa historia: los milpiés. Un estudio internacional ha revelado que estos pequeños invertebrados pudieron colonizar la tierra firme hace cerca de 460 millones de años, mucho antes de que aparecieran los vertebrados terrestres y en un planeta que hoy resultaría prácticamente irreconocible.
El hallazgo no solo modifica la cronología conocida de los primeros animales terrestres, sino que también ayuda a comprender cómo comenzaron a formarse los ecosistemas que, cientos de millones de años después, permitirían la aparición de bosques, reptiles, mamíferos y, finalmente, seres humanos.
La investigación, publicada en la revista Current Biology, ha logrado reconstruir por primera vez la historia evolutiva completa de todos los órdenes vivos de milpiés. Para los especialistas, se trata de una de las piezas que faltaban para comprender la evolución de uno de los grupos animales más antiguos del planeta.
Durante más de un siglo existió una incógnita que impedía completar el árbol genealógico de estos artrópodos. Dos grupos extremadamente raros, conocidos como Siphoniulida y Siphonocryptida, nunca habían podido ser analizados mediante técnicas genéticas modernas debido a la dificultad de encontrar ejemplares vivos. Sin esa información, la reconstrucción de su historia evolutiva permanecía incompleta.
Ahora, gracias a una combinación de trabajo de campo, análisis genómicos y evidencias fósiles, los investigadores han conseguido resolver ese rompecabezas y obtener una visión mucho más precisa del origen y diversificación de los milpiés.
La búsqueda de unas especies casi imposibles de encontrar
Resolver el misterio no fue una tarea sencilla. Algunas de las especies buscadas viven bajo tierra durante prácticamente toda su existencia, mientras que otras sobreviven únicamente en unas pocas localizaciones conocidas.
Tal y como indica el estudio, los investigadores tuvieron que desplazarse hasta la región de Los Tuxtlas, en México, y hasta las Islas Canarias para localizar ejemplares cuyos genes jamás habían sido incorporados a una investigación evolutiva de este tipo.
La dificultad fue extraordinaria. En uno de los casos, un equipo de diez personas necesitó más de una semana para localizar un único ejemplar adulto de apenas un centímetro de longitud. Además, estos animales presentan una apariencia tan diminuta que, en ocasiones, resultaba complicado distinguirlos de otros organismos microscópicos presentes en el suelo.
Una vez obtenidas las muestras, comenzó la parte más compleja del trabajo. Los científicos secuenciaron el ADN de estas especies y compararon cientos de genes procedentes de 82 especies distintas de milpiés. Paralelamente, incorporaron información obtenida de 29 fósiles para calibrar las fechas evolutivas y reconstruir las relaciones entre los diferentes linajes.
El volumen de datos fue enorme. La investigación generó terabytes de información genética que posteriormente fueron procesados mediante sistemas avanzados de computación científica. El resultado permitió establecer con precisión dónde encajaban los grupos desconocidos dentro del árbol evolutivo y reconstruir una historia que se remonta a cientos de millones de años.
Los milpiés llegaron a tierra firme más de 80 millones de años antes que los vertebrados, convirtiéndose en algunos de los primeros arquitectos de los ecosistemas terrestres.
Un planeta extraño sin árboles ni animales terrestres
La conclusión más sorprendente llegó cuando los investigadores calcularon la antigüedad de los primeros milpiés.
Los análisis sugieren que este grupo pudo originarse hace aproximadamente 460 millones de años, unos 35 millones de años antes de los fósiles de milpiés más antiguos conocidos hasta ahora. Esta diferencia es suficientemente importante como para modificar las estimaciones sobre cuándo comenzaron los animales a colonizar los ambientes terrestres.
Para comprender la magnitud de este descubrimiento hay que imaginar cómo era la Tierra en aquel momento. No existían bosques, flores, hierbas ni árboles. Tampoco había mamíferos, reptiles, aves ni anfibios. Los continentes eran paisajes prácticamente desnudos donde la vida apenas comenzaba a explorar los ambientes fuera del agua.
Las primeras formas vegetales terrestres eran extremadamente simples y los suelos carecían de la complejidad biológica que poseen actualmente. En ese escenario, los milpiés habrían desempeñado un papel fundamental procesando materia orgánica en descomposición y ayudando a reciclar nutrientes.
Aunque hoy suelen pasar desapercibidos entre la hojarasca o bajo las piedras, estos animales habrían sido algunos de los primeros ingenieros ecológicos de la historia terrestre. Su actividad contribuyó a transformar lentamente los suelos y crear condiciones favorables para la expansión posterior de otros organismos.
La investigación refuerza además la idea de que los artrópodos fueron pioneros en la conquista de la tierra firme. Mucho antes de que los vertebrados abandonaran los océanos, diversos grupos de invertebrados ya experimentaban con formas de vida adaptadas al medio terrestre.

Los primeros fabricantes de armas químicas
La reconstrucción evolutiva también permitió rastrear otro aspecto fascinante de la historia de los milpiés: el origen de sus defensas químicas.
Muchas especies actuales poseen glándulas capaces de producir sustancias tóxicas o irritantes que utilizan para protegerse de los depredadores. Aunque estas secreciones suelen ser inofensivas para las personas, resultan muy eficaces contra numerosos enemigos naturales.
Tal y como ha revelado el estudio, estas defensas podrían haber aparecido hace unos 260 millones de años. Esto significa que los milpiés desarrollaron sofisticados sistemas químicos mucho antes de que surgieran numerosos grupos animales modernos.
La aparición de estas estrategias defensivas coincide con un periodo de profundos cambios ecológicos en la historia del planeta. Durante aquella época, los ecosistemas terrestres se volvieron cada vez más complejos y la presión de los depredadores aumentó considerablemente.
Las sustancias químicas permitieron a los milpiés sobrevivir en un entorno cada vez más competitivo. Gracias a ellas pudieron mantener su papel ecológico como descomponedores y recicladores de materia orgánica, una función que siguen desempeñando en la actualidad.
De alguna manera, estos pequeños artrópodos representan una de las historias de éxito más duraderas de la evolución. Han sobrevivido a múltiples extinciones masivas, a cambios climáticos extremos y a la reorganización completa de los continentes.

A veces, los mayores avances científicos dependen de encontrar organismos tan escasos que pueden pasar desapercibidos incluso para equipos enteros de investigadores.
Un grupo antiguo que todavía guarda secretos
Pese a la importancia de este descubrimiento, los científicos creen que apenas estamos comenzando a comprender la verdadera diversidad de los milpiés.
Actualmente se han descrito más de 14.000 especies en todo el mundo. Sin embargo, numerosos expertos consideran que podrían existir decenas de miles más esperando ser descubiertas, especialmente en regiones tropicales, sistemas subterráneos y ecosistemas poco explorados.
Esta enorme diversidad contrasta con el escaso conocimiento público que existe sobre ellos. Mientras otros animales reciben una atención constante por parte de investigadores y medios de comunicación, los milpiés permanecen en gran medida fuera del foco.
Sin embargo, su importancia ecológica es enorme. Son algunos de los principales recicladores de materia vegetal del planeta y desempeñan una función esencial en el mantenimiento de la fertilidad de los suelos. Sin ellos, la acumulación de restos orgánicos alteraría profundamente el funcionamiento de muchos ecosistemas.
La nueva investigación demuestra que todavía existen grandes capítulos de la historia de la vida por descubrir. En ocasiones, las respuestas a algunas de las preguntas más importantes sobre nuestro pasado no se encuentran en gigantescos dinosaurios o espectaculares fósiles marinos, sino en pequeños animales que llevan cientos de millones de años trabajando silenciosamente bajo nuestros pies.
La reconstrucción definitiva del árbol evolutivo de los milpiés no solo aclara el origen de uno de los grupos animales más antiguos de la Tierra. También ofrece una nueva perspectiva sobre cómo comenzó la conquista de los continentes y sobre los organismos que prepararon el terreno para toda la biodiversidad terrestre que vendría después.
Referencias
- Reshaping the millipede tree of life by inclusion of the last two unsampled orders, Current Biology (2026). DOI: 10.1016/j.cub.2026.05.035
Fuente informativa
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