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sábado, julio 4, 2026

Logran invertir la flecha del tiempo en sistemas cuánticos y descubren cómo extraer energía de sus mediciones


Un equipo de físicos da con una forma inédita de gobernar fenómenos cuánticos que podría impulsar futuras tecnologías de computación y almacenamiento energético.

El tiempo parece avanzar siempre en un único sentido. Un cristal roto nunca recompone sus fragmentos de manera espontánea, el humo no regresa al interior de una chimenea y un cubito de hielo derretido jamás recupera por sí solo su aspecto inicial. Esa experiencia cotidiana resulta tan familiar que solemos asumirla como una propiedad inmutable del universo. Sin embargo, cuando la física desciende hasta la escala atómica, esa aparente certeza comienza a difuminarse.

Un artículo publicado en Physical Review X presenta una técnica con la que determinados sistemas cuánticos llegan a comportarse como si su flecha del tiempo apuntara en sentido contrario. Sus conclusiones no describen viajes al pasado ni alteraciones de acontecimientos ya sucedidos. Lo novedoso reside en que la secuencia seguida por esas dinámicas puede percibirse de otra manera cuando las mediciones y la retroalimentación permanecen perfectamente sincronizadas.

La investigación añade, además, una derivada inesperada. Según sus autores, las propias observaciones dejan de ser un simple mecanismo de adquisición de información para convertirse en un recurso capaz de suministrar energía. Si futuras verificaciones experimentales confirman estas predicciones, el método abrirá nuevas oportunidades para la computación cuántica, la preparación de estados y los futuros sistemas de almacenamiento energético.

Qué significa realmente invertir la flecha del tiempo

La expresión puede inducir fácilmente a error. Hablar de invertir la flecha del tiempo no equivale a construir una máquina con la que regresar a ayer ni a reescribir la historia del universo. En física, ese concepto identifica la tendencia preferente seguida por numerosos fenómenos naturales, estrechamente ligada a la entropía y al intercambio de información entre los distintos componentes de un conjunto.

En física, el concepto identifica la tendencia preferente seguida por numerosos fenómenos naturales, estrechamente ligada a la entropía y al intercambio de información entre los distintos componentes de un conjunto.

En nuestra experiencia diaria, casi cualquier transformación conduce a un único desenlace. Una taza puede precipitarse al suelo y hacerse añicos, pero jamás completa el recorrido inverso sin intervención externa. Esa irreversibilidad caracteriza el mundo macroscópico que percibimos.

En la escala microscópica sucede justo lo contrario. Muchas ecuaciones fundamentales admiten soluciones igualmente válidas tanto hacia delante como hacia atrás. La diferencia aparece cuando intervienen fenómenos irreversibles; en especial, las mediciones cuánticas, ya que observar un sistema altera su estado de un modo inevitable. Justo sobre esa singularidad se apoya el trabajo: en vez de aceptar esa orientación como una limitación forzosa, propone gobernarla mediante protocolos concebidos para ello.

El control de las mediciones redefine por completo la dinámica

Para lograr ese comportamiento, el equipo ideó un protocolo que combina observaciones continuas con un circuito de retroalimentación excepcionalmente rápido. Cada registro del estado de un conjunto de qubits desencadena de inmediato la acción posterior. Esa reacción casi instantánea impide que la perturbación asociada a la medida condicione por sí sola la respuesta del conjunto y permite conducirla siguiendo una secuencia diseñada al milímetro.

La pieza esencial recibe el nombre de Hamiltoniano de control. En términos sencillos, consiste en una combinación de campos y pulsos creada para reproducir los efectos provocados por las observaciones cuánticas. Integrado en el circuito de retroalimentación, ese recurso no solo compensa las alteraciones introducidas durante la medida; también puede amplificarlas o llevarlas deliberadamente más allá de su funcionamiento habitual. Como consecuencia, las trayectorias recorridas por los qubits llegan a ajustarse a una inversión aparente de la flecha temporal.

Los investigadores recalcan que este procedimiento no altera el transcurso del universo. Su efecto se limita a modificar la respuesta de determinados conjuntos microscópicos sometidos a condiciones muy concretas. Esa precisión resulta imprescindible para interpretar correctamente el alcance del descubrimiento y evitar asociaciones erróneas con hipotéticos desplazamientos hacia el pasado.

Otro aspecto muy relevante reside en que esta aproximación no requiere materiales exóticos. El siguiente objetivo del grupo consiste en validar esos protocolos mediante qubits superconductores, una arquitectura experimental que ya proporciona tiempos de respuesta muy reducidos y una detección altamente eficiente. Si las verificaciones en laboratorio respaldan las predicciones teóricas, el planteamiento abandonará el puro terreno matemático para pasar a demostraciones físicas.

Recreación artística de un haz de luz que mide un chip cuántico mientras un anillo violeta y pulsos luminosos recorren sus circuitos, representando la retroalimentación cuántica. ChatGPT, César Noragueda.

El demonio de Maxwell reaparece con un nuevo papel

El artículo recupera además uno de los experimentos mentales más célebres de la historia de la física: el demonio de Maxwell. En 1867, el científico escocés imaginó un diminuto vigilante capaz de separar moléculas rápidas y lentas mediante una compuerta microscópica. A primera vista, aquel artificio parecía reducir la entropía sin consumir energía, algo incompatible con la segunda ley de la termodinámica.

Con el paso del tiempo quedó claro que esa aparente paradoja desaparecía al considerar el coste físico asociado a adquirir, almacenar y procesar información. Desde entonces, aquella hipótesis pasó a simbolizar el profundo vínculo existente entre conocimiento, termodinámica y aprovechamiento energético.

La nueva investigación traslada ese razonamiento al terreno cuántico. En vez de clasificar partículas según su velocidad, emplea las señales obtenidas durante las observaciones para decidir la intervención posterior sobre el conjunto analizado. Ese planteamiento conduce su comportamiento por caminos escasamente intuitivos y constituye uno de los fundamentos conceptuales del trabajo publicado en Physical Review X.

La nueva investigación traslada ese razonamiento al terreno cuántico: en vez de clasificar partículas según su velocidad, emplea las señales obtenidas durante las observaciones para decidir la intervención posterior sobre el conjunto analizado.

Además, las mediciones pueden convertirse en una fuente de energía

La aportación más sorprendente quizá no resida en la inversión aparente de la flecha del tiempo, sino en una consecuencia derivada de esa capacidad de intervención. Los autores sostienen que las propias mediciones pueden adquirir valor como recurso termodinámico. Dicho de otro modo, observar un sistema cuántico deja de limitarse a revelar información y pasa a ofrecer una vía para efectuar trabajo útil bajo determinadas circunstancias.

De esa idea surge un motor de medición continua. Frente a una máquina convencional, cuya alimentación depende del calor o de un combustible, este dispositivo aprovecha las señales recogidas durante el seguimiento. Combinadas con el circuito de retroalimentación, hacen posible redirigir parte de la energía intercambiada hacia otro cometido, ya sea impulsar otra operación cuántica o almacenarla en futuras baterías basadas en estos fenómenos.

Aunque el concepto permanece, por ahora, en el ámbito teórico, obliga a replantear el papel tradicionalmente atribuido a las mediciones. Durante décadas, se contemplaron, sobre todo, como una fuente inevitable de perturbaciones. El marco propuesto invita a considerarlas también un activo físico susceptible de aprovecharse cuando se alcanza un grado suficiente de dominio sobre esa dinámica.

Mucho más que una curiosidad sobre el tiempo

El alcance del trabajo rebasa ampliamente una simple paradoja, pues alcanzar un dominio tan preciso sobre la evolución de los sistemas cuánticos constituye uno de los grandes retos tecnológicos actuales. Cuanto mayor sea esa capacidad, más cerca estarán dispositivos preparados para resolver cálculos inabordables para los ordenadores clásicos, construir sensores de sensibilidad extraordinaria o impulsar fórmulas inéditas de almacenamiento energético.

Los investigadores explican que el siguiente paso consistirá en trasladar estas ideas a plataformas experimentales sustentadas en qubits superconductores. Esos dispositivos ya ofrecen tiempos de respuesta muy reducidos y elevados niveles de eficiencia durante la detección, cualidades imprescindibles para poner a prueba los protocolos descritos en el artículo. Corroborar esos resultados anticipados fuera del ámbito teórico supondría un avance decisivo hacia futuros usos prácticos.

En realidad, esta investigación no modifica nuestra experiencia cotidiana del tiempo. Nadie podrá regresar al pasado gracias a este procedimiento ni alterar acontecimientos ya sucedidos. Su principal aportación consiste en demostrar que, dentro del mundo cuántico, la orientación temporal admite un margen de intervención mucho mayor del imaginado hasta ahora.

Más cerca estarán dispositivos preparados para resolver cálculos inabordables para los ordenadores clásicos, construir sensores de sensibilidad extraordinaria o impulsar fórmulas inéditas de almacenamiento energético.

Aún más llamativo resulta comprobar que una acción aparentemente tan sencilla como observar un sistema puede abrir caminos inéditos para gestionar la energía y ensanchar el horizonte de las futuras tecnologías cuánticas.

Referencias

Fuente informativa⁣

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