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miércoles, junio 10, 2026

El teatro argentino construye su lugar, una obra a la vez


Club Media fortalece la presencia de las artes escénicas argentinas en Estados Unidos

Hay viajes que no empiezan en un aeropuerto, sino mucho antes, cuando alguien decide que una obra puede respirar fuera de su ciudad, de su idioma y de su público natural. Eso es lo que está ocurriendo con parte del teatro argentino contemporáneo, que en los últimos años ha comenzado a construir una presencia más sostenida en escenarios internacionales. No se trata solo de llevar funciones aisladas al exterior, sino de crear un circuito donde las obras puedan dialogar con nuevos públicos sin perder su identidad.

En ese mapa aparece Club Media, una compañía que viene desarrollando una ruta propia para las artes escénicas argentinas, con presencia en ciudades como Nueva York, Miami y Madrid. Su apuesta no responde a una lógica de volumen, sino de selección: obras con fuerza actoral, intérpretes reconocidos y propuestas capaces de sostenerse fuera de su contexto original.

Dentro de ese recorrido se encuentra El brote, una de las obras más reconocidas del circuito independiente argentino reciente, protagonizada por Roberto Peloni. La pieza se presentó esta semana en Nueva York, en el Soho Playhouse, y continuará su camino en Miami con funciones los días 21 y 23 de mayo en The Alan & Diane Lieberman Theater at JCC. Pero más allá del calendario, la obra funciona como ejemplo de una ambición mayor: posicionar al teatro argentino como una experiencia artística capaz de cruzar fronteras.

Para Peloni, llevar esta obra a escenarios internacionales es, ante todo, una oportunidad de encuentro. 

“Es un orgullo y un agradecimiento a la oportunidad que te puede dar esta profesión de poder acercar el trabajo”, dice. “Este trabajo para mí es de los más importantes de mi carrera, y tener la oportunidad de compartirlo con nuevos públicos es un regalo de la vida”.

Roberto Peloni protagoniza la obra que gira alrededor de Beto, un actor de una compañía de repertorio que empieza a confundir la realidad con la ficción./Cortesía

Ese intercambio no ocurre solo sobre el escenario. También sucede en la manera en que una obra argentina se adapta para ser entendida más allá del idioma. El brote se presenta con subtítulos en inglés, un detalle que podría parecer técnico, pero que en realidad forma parte central de la propuesta. Permite que públicos no hispanohablantes entren en una historia profundamente teatral y, al mismo tiempo, abre un diálogo cultural más amplio.

Peloni lo ha comprobado en funciones anteriores fuera de Argentina. “En las funciones con subtítulos y sin subtítulos, la gente reaccionaba en los mismos momentos”, cuenta. “Eso daba cuenta de cómo a todos nos pasan las mismas cosas”. Para él, la traducción no enfría la experiencia, sino que confirma la potencia universal de ciertas emociones.

La obra, escrita y dirigida por Emiliano Dionisi, gira alrededor de Beto, un actor de una compañía de repertorio que empieza a confundir la realidad con la ficción mientras enfrenta la frustración de no recibir los personajes que anhela. “Es una historia muy divertida, pero también muy tremenda”, explica Peloni. “El espectador entra de la mano en la historia del teatro”.

Esa fragilidad del actor, su deseo de ser visto, su lucha entre oficio, ego y vocación, es también parte de lo que vuelve exportable a una pieza como El brote. No porque borre su identidad argentina, sino porque desde ella encuentra una zona común con otros públicos.

En Estados Unidos, donde muchas comunidades latinas buscan reconectarse con sus raíces a través del arte, estas funciones adquieren otra resonancia. Peloni recuerda experiencias similares en otros países, donde argentinos y latinoamericanos que llevaban años lejos de casa encontraron en la obra “un pedacito de una manera de ser”. Según dice, en esos encuentros aparece “un afecto adicional” entre público y artistas.

La estrategia de Club Media apunta justamente a eso: construir permanencia, no solo presencia. En su recorrido internacional, la compañía ha impulsado producciones como Muerde, de Francisco Lumerman, y proyectos vinculados a tradiciones culturales de mayor escala, incluyendo iniciativas relacionadas con el Teatro Colón y universos literarios como el de Jorge Luis Borges.

En ese contexto, el teatro argentino deja de viajar como una excepción y empieza a ocupar un lugar más definido en el mapa cultural internacional. El brote es una obra, sí, pero también una señal. Una muestra de que el teatro independiente, cuando tiene identidad, texto y actores capaces de sostenerlo, puede encontrar público mucho más allá de Buenos Aires.

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