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jueves, mayo 14, 2026

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Científicos descubren en dientes de dinosaurios una prueba inesperada de amor parental hace 75 millones de años


El desgaste microscópico de unos dientes fósiles ha permitido reconstruir una escena familiar que parecía imposible en dinosaurios gigantes.

No hacía falta encontrar huesos nuevos para cambiar una de las ideas más antiguas sobre los dinosaurios. Bastó con observar algo mucho más pequeño: el desgaste de unos dientes fosilizados. Ahí, en marcas casi invisibles conservadas durante decenas de millones de años, un grupo de paleontólogos cree haber encontrado una pista inesperada sobre cómo algunas especies cuidaban a sus crías.

El protagonista de esta historia es Maiasaura peeblesorum, un gran dinosaurio herbívoro de pico de pato que vivió hace entre 75 y 80 millones de años en lo que hoy es Montana, en Estados Unidos. Este animal ya era famoso entre los científicos porque sus fósiles aparecieron asociados a nidos y grupos familiares completos, algo poco habitual cuando fue descubierto en la década de 1970. De hecho, su nombre significa literalmente “lagarto buena madre”.

Durante años, los investigadores sospecharon que Maiasaura tenía un comportamiento social más complejo que otros dinosaurios de su época. Los yacimientos mostraban colonias enteras de anidación, restos de individuos jóvenes incapaces de desplazarse largas distancias y señales de crecimiento extremadamente rápido. Sin embargo, faltaba una prueba más concreta sobre cómo se alimentaban esas crías y qué papel desempeñaban los adultos. La clave apareció en los dientes.

Tal y como ha revelado un estudio publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, un equipo dirigido por el paleontólogo John Hunter analizó el tipo de desgaste presente en las baterías dentales de ejemplares juveniles y adultos de hadrosaurios relacionados con Maiasaura. El resultado mostró un patrón sorprendente: las crías no estaban comiendo lo mismo que los adultos.

Una dieta distinta para los más pequeños

Los dientes de los ejemplares juveniles presentaban un desgaste más asociado a alimentos blandos y fáciles de triturar, mientras que los adultos mostraban marcas típicas de vegetación dura y fibrosa. En términos simples, los pequeños parecían consumir alimentos mucho más nutritivos y menos difíciles de masticar.

Los científicos compararon estos patrones con los observados en mamíferos actuales. Animales que se alimentan de hojas duras y vegetación rica en fibra, como caballos o antílopes, generan marcas dentales muy distintas a las de especies que comen frutos blandos o brotes tiernos. Y el parecido más cercano a los dientes juveniles de Maiasaura no estaba en grandes herbívoros modernos, sino en animales con dietas suaves y ricas en nutrientes.

Eso llevó a los investigadores a plantear una hipótesis llamativa: los adultos podrían haber llevado comida específica al nido para alimentar a las crías. Frutos, brotes tiernos o partes vegetales con más proteínas y azúcares habrían formado parte de una dieta especial destinada a acelerar el crecimiento durante los primeros meses de vida.

Réplica fósil de la batería dental inferior de un embrión o cría recién nacida de Maiasaura peeblesorum. Fuente: Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (2026)

La idea resulta especialmente interesante porque recuerda al comportamiento de muchas aves modernas. En numerosas especies actuales, los adultos consumen una dieta distinta a la de sus polluelos y buscan alimento más energético para ellos durante la etapa de crecimiento.

Las marcas microscópicas en los dientes han permitido reconstruir cómo se alimentaban las crías millones de años después de su desaparición.

Un comportamiento mucho más antiguo de lo esperado

El estudio sugiere que este tipo de cuidado parental podría haberse originado mucho antes de la aparición de las aves modernas. Tal y como indica la investigación, algunas conductas familiares complejas ya podrían existir entre dinosaurios no avianos del Cretácico.

Los autores también relacionan esta alimentación diferenciada con el extraordinario ritmo de crecimiento de Maiasaura. Otros trabajos previos habían demostrado que estos dinosaurios alcanzaban tamaños enormes en muy poco tiempo, algo que requería un gran aporte energético desde las primeras etapas de vida.

No obstante, los científicos también contemplan otras posibilidades. Una de ellas es que los adultos alimentaran a las crías con comida parcialmente regurgitada, un comportamiento igualmente común entre aves actuales. Otra hipótesis, menos probable según los autores, plantea que los juveniles pudieran abandonar temporalmente el nido para buscar alimento por sí mismos.

La diferencia es que los restos fósiles indican que las crías eran extremadamente dependientes al nacer. Sus huesos muestran un desarrollo incompleto y una movilidad limitada, lo que refuerza la idea de que necesitaban atención constante durante las primeras semanas.

Ilustración artística de un Maiasaura adulto junto a sus crías
Ilustración artística de un Maiasaura adulto junto a sus crías. Ilustración: Brian Regal. Fuente: Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (2026)

Los investigadores creen que la alimentación diferenciada pudo ser clave para el rápido crecimiento de los juveniles durante su primer año de vida.

Lo que cuentan unos dientes de hace millones de años

Uno de los aspectos más fascinantes del trabajo es la forma en que los paleontólogos reconstruyen comportamientos desaparecidos hace millones de años. Sin ADN, sin tejidos blandos y sin observaciones directas posibles, cada pista debe obtenerse a partir de pequeñas evidencias indirectas.

En este caso, el desgaste dental funciona como una especie de archivo biológico. Las superficies de los dientes conservan señales microscópicas del tipo de alimento que trituraban diariamente. Comparar esos patrones con los de animales modernos permite aproximarse a cómo vivían estos dinosaurios y cómo se organizaban socialmente.

El hallazgo también refuerza una idea que gana cada vez más fuerza en paleontología: muchos dinosaurios pudieron tener comportamientos mucho más sofisticados de lo que se imaginaba hace apenas unas décadas. Colonias de cría, cooperación social y cuidados prolongados de las crías ya no parecen rasgos exclusivos de mamíferos o aves modernas.

Y todo eso ha quedado registrado en algo tan pequeño como unas marcas sobre dientes fosilizados.

Referencias

  • John P. Hunter et al, Tooth wear in juvenile and adult hadrosaurs: implications for parental care in Maiasaura, Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (2026). DOI: 10.1016/j.palaeo.2026.113707

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