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lunes, mayo 18, 2026

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Descubren un rastro cósmico de 80.000 años sobre la Tierra: científicos hallan hierro radiactivo de antiguas supernovas en el hielo antártico


Un análisis de núcleos de hielo de la Antártida revela que nuestro planeta atraviesa una nube interestelar cargada con restos de explosiones estelares ocurridas hace millones de años.

Un equipo internacional de científicos ha confirmado que la Tierra acumula hierro-60 radiactivo procedente de antiguas supernovas desde hace al menos 80.000 años, una señal cósmica atrapada en el hielo profundo de la Antártida que podría cambiar la forma en que entendemos el entorno galáctico del sistema solar.

La investigación, liderada por el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y publicada en Physical Review Letters, demuestra que nuestro sistema solar está atravesando actualmente la llamada “Nube Interestelar Local” y esa nube deja una huella física detectable sobre la Tierra.

La cantidad de hierro-60 cambia en apenas unas decenas de miles de años, una velocidad extraordinariamente rápida para la escala galáctica y una señal de que la nube interestelar es mucho más irregular de lo que se pensaba.

El hallazgo transforma el hielo antártico en una especie de archivo cósmico capaz de registrar el paso silencioso del sistema solar a través de regiones contaminadas por estrellas muertas. Pero hay un detalle que intriga especialmente a los investigadores: la cantidad de hierro-60 cambia de forma sorprendentemente rápida en términos astronómicos.

El hierro-60: una “ceniza” radiactiva nacida en explosiones estelares

El hierro-60 es un isótopo radiactivo extremadamente raro que solo se forma en el interior de estrellas masivas y es expulsado durante explosiones de supernova. Sin embargo, los científicos llevaban años encontrándolo en sedimentos oceánicos y nieve reciente de la Antártida. La gran incógnita era su procedencia. Las supernovas cercanas capaces de producirlo ocurrieron hace millones de años, demasiado lejos en el tiempo como para explicar su presencia actual.

La nueva investigación plantea que el hierro-60 quedó atrapado dentro de la Nube Interestelar Local y termina depositándose lentamente sobre la Tierra a medida que el sistema solar atraviesa esa región del espacio.

Nuestro planeta podría estar “nevando” restos de estrellas muertas desde hace miles de años sin que ningún ser humano pueda verlo directamente.

El equipo analizó núcleos de hielo antártico de entre 40.000 y 80.000 años y detectó hierro-60 también en esas capas profundas, aunque en concentraciones menores que las actuales.

Pero hay un giro inesperado. La señal cambia en apenas unas decenas de miles de años, una velocidad extraordinariamente rápida a escala galáctica. Eso indica que la nube interestelar no es homogénea y posee regiones con distintas densidades de material radiactivo.

Trayectoria del sistema solar a través de la Nube Interestelar Local. El perfil de la nube se conserva como una huella interestelar en el hielo antártico. Crédito: B. Schröder/HZDR/NASA/Goddard/Adler/U.Chicago/Wesleyan

Un viaje silencioso a través de una nube interestelar

La llamada Nube Interestelar Local rodea actualmente al sistema solar y la Tierra estaría situada cerca de uno de sus bordes. Los astrónomos creen que entramos en ella hace varias decenas de miles de años y que la abandonaremos dentro de unos pocos milenios.

El descubrimiento convierte el hielo antártico en un detector natural de fenómenos galácticos y abre la posibilidad de estudiar nubes interestelares directamente desde la Tierra.

Los investigadores creen que la nube pudo formarse por antiguas explosiones de supernova y eso explicaría la presencia persistente de hierro-60. Esa conexión ofrece por primera vez una vía para reconstruir eventos cósmicos ocurridos millones de años atrás utilizando registros geológicos terrestres.

El descubrimiento demuestra que el espacio interestelar puede alterar lentamente la composición química que cae sobre la Tierra, incluso cuando parece completamente vacío.

Buscar un átomo entre 10 billones: el experimento más extremo

El equipo procesó cerca de 300 kilogramos de hielo antártico para reducir todo el material a apenas unos cientos de miligramos de polvo. La dificultad era extrema. Los científicos debían aislar unos pocos átomos de hierro-60 entre aproximadamente 10 billones de átomos normales.

Los investigadores tuvieron que identificar unos pocos átomos radiactivos entre cantidades inmensas de materia común, un desafío comparable a encontrar una aguja en 50.000 estadios llenos de heno.

La medición final se realizó en la instalación australiana HIAF mediante filtros eléctricos y magnéticos capaces de separar átomo por átomo. Ese esfuerzo permitió descartar otras teorías, como la posibilidad de que el hierro-60 fuese simplemente un eco debilitado de antiguas supernovas registradas hace millones de años.

Ahora los científicos planean analizar núcleos de hielo aún más antiguos para identificar cuándo el sistema solar entró en la Nube Interestelar Local. Si encuentran una caída brusca en la señal de hierro-60, podrían demostrar definitivamente el momento exacto en que nuestro sistema solar penetró en esta región galáctica.

Porque quizá, mientras observamos las estrellas desde la superficie, una parte diminuta de esas estrellas lleva milenios cayendo silenciosamente sobre nosotros.

Referencias

  • Koll, Dominik, et al. “Local Interstellar Cloud Structure Imprinted in Antarctic Ice by Supernova 60Fe.” Physical Review Letters (2026).https://doi.org/10.1103/nxjq-jwgp.
  • Helmholtz Association of German Research Centres. “Surrounded by stardust: Antarctic ice cores confirm Earth is accumulating iron-60 from local interstellar cloud.” Phys.org, 2026.

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