República Dominicana es potencia agroalimentaria con retos estructurales

Hainan Reynoso Uribe

Para el doctor Eladio Arnaud Santana, director del Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales, la República Dominicana no solo tiene capacidad para garantizar su seguridad alimentaria, sino que ya ejerce como una potencia agroalimentaria del Caribe.

La prueba más reciente, asegura, quedó evidenciada durante la pandemia del Covid-19, cuando el país logró sostener el abastecimiento interno pese al colapso de cadenas globales de suministro.

“Fuimos de los pocos países que pudieron suplir sus demandas alimenticias. Aquí todo el que estaba durante la pandemia, fuera dominicano, turista o extranjero residente, tuvo que comer lo que aquí se producía y no hizo falta”, afirma.

Según explica, el país no solo alimenta a su población local, sino también a millones de turistas anuales, migrantes y una parte importante del mercado haitiano y caribeño. “Anualmente aquí estamos alimentando entre 20 y 22 millones de personas”, sostiene.

Fortalezas naturales

Entre las principales fortalezas del agro dominicano, Santana destaca las condiciones naturales del territorio como abundancia de agua, temperaturas favorables durante todo el año y una ubicación privilegiada para múltiples cultivos.

Explica que mientras el promedio mundial de lluvias ronda los 800 milímetros anuales, República Dominicana alcanza cerca de 1,400 milímetros, lo que la convierte en una de las zonas con mayor pluviometría del planeta.

“Tenemos una naturaleza envidiable. Si mejoramos la capacidad de acumulación de agua y evitamos pérdidas, sacaríamos mucha más ventaja”, señala.

A esto suma el recurso humano, productores con experiencia, técnicos formados en el campo y una tradición agrícola profundamente arraigada. Sin embargo, esa capacidad productiva enfrenta limitaciones importantes. El principal problema, dice, está en el costo de producción.

En adición están las debilidades estructurales como la falta de sistemas de riego eficientes, caminos interparcelarios en mal estado, escasa infraestructura de almacenamiento y baja capacidad de financiamiento.“Todavía se pierde mucha cosecha por las malas condiciones de salida o entrada a los predios productivos”, advierte.

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Otro obstáculo clave es la asociación productiva. Para Santana, muchos pequeños productores continúan trabajando de forma aislada, lo que limita su acceso a mercados, mecanización, financiamiento y mejores precios. “No basta con asociarse políticamente. La asociación debe tener criterio comercial y empresarial”, afirma.

Dependencia parcial

Aunque el país es autosuficiente en rubros como arroz, plátano, yuca, batata, huevo, pollo, mango, aguacate y buena parte de las hortalizas, todavía depende de importaciones en productos como ajo, leche, habichuelas y algunas carnes. En habichuelas, por ejemplo, apenas se produce entre el 50 y 55 % de la demanda nacional.

Sin embargo, Santana advierte que las cifras deben analizarse dentro del contexto del comercio global. “No porque usted vea un producto importado significa que no podamos producirlo aquí. Muchas veces responde a mercados específicos de comunidades extranjeras residentes en el país”, explica.

Por encima de todo, identifica el clima como la principal limitante de la producción agrícola.

Las variaciones extremas de temperatura, lluvias y humedad alteran cultivos, plagas, manejo productivo y rendimiento. “Todos los seres vivos fueron desarrollados bajo ciertas condiciones. Cuando ese ambiente cambia, cambia su eficiencia”, resume.

Por eso insiste en la necesidad de avanzar hacia la zonificación agrícola, una herramienta que permita sembrar cada rubro donde las condiciones naturales sean más favorables.

Dominicana es una potencia

Lejos de hablar en futuro, Santana insiste en que el país ya es una potencia agroalimentaria regional. “Somos ahora mismo el país del Caribe con mayor responsabilidad alimentaria. Somos el mayor productor en cantidad, diversidad y calidad”, afirma.

Pero sostiene que mantener ese liderazgo dependerá de una mejor organización del sistema productivo, mayor acompañamiento estatal y una visión más estratégica del campo. “El potencial está. Lo que falta muchas veces es ordenarlo mejor”. 

Fuente Informativak

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