UASD: Legado de Caro Álvarez

La tarde del jueves 13 de julio de 1961, el paraninfo de la Facultad de Ciencias Médicas «Doctor Defilló» se convirtió en el escenario de un hito histórico: la convocatoria de una asamblea estudiantil destinada a constituir la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED). Este organismo gremial nacía con el mandato de luchar por la autonomía económica, financiera y administrativa de la entonces Universidad de Santo Domingo, buscando insertarla en la corriente de modernidad impulsada por la Reforma Universitaria de Córdoba (Argentina, 1918).

Aquel movimiento reformista había resonado con fuerza en toda América Latina. En 1919, impactó en Cuzco, Perú, durante el primer congreso estudiantil liderado por Víctor Raúl Haya de la Torre. Como presidente de la federación peruana, Haya de la Torre integró a la reforma su proyecto de universidades populares, fundamentado en pilares como la autonomía, la cátedra libre, la representación estudiantil, el derecho a la huelga y la alianza obrero-estudiantil.

La dirigencia universitaria dominicana de 1961 se encontraba profundamente influenciada por estos ideales cordobeses y por el pensamiento de líderes continentales como el cubano Julio Antonio Mella, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Esta revolución educativa y gremial ya había dejado huellas profundas en la región, consolidando organismos como la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (1906), la Federación Universitaria Argentina (1918) y la Federación de Estudiantes de Costa Rica (1953).

En aquel encuentro, decenas de jóvenes se congregaron para exigir al gobierno del presidente Joaquín Balaguer la promulgación de una ley de autonomía y fuero universitario, siguiendo el modelo de autogestión que ya imperaba en naciones como México (1929), Bolivia (1931), Guatemala (1944) y Venezuela (1958).

La demanda de autonomía fue el eje central de la asamblea. En los asientos de honor, participando como testigos de este despertar democrático, se encontraban las autoridades universitarias: el arquitecto José Antonio Caro Álvarez, rector de la academia, junto a los vicerrectores, doctores Rogelio Lamarche Soto y Salvador Lluberes Peña.

El entusiasmo en el recinto creció con la llegada de una delegación del Colegio Dominicano de La Salle. Los estudiantes, vestidos impecablemente, hicieron su entrada portando una pancarta que rezaba: “El estudiantado lasallista se une a la FED”, gesto que fue recibido con una estruendosa ovación. Asimismo, se sumó la influyente Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), que agrupaba a jóvenes de liceos y escuelas públicas.

Tras las notas del Himno Nacional, el estudiante de Medicina Víctor Manuel De Camps Cáceres, en su rol de maestro de ceremonias, dio inicio formal al acto cediendo la palabra al primer orador: Armando Antonio Hoepelman Ripley, estudiante de Filosofía.

El Pensamiento Reformista en la Asamblea: Hoepelman y Delgado

En su discurso, Hoepelman enfatizó que el propósito medular de la reunión era organizar una agrupación capaz de defender con eficacia los derechos estudiantiles y de impulsar el progreso institucional bajo un marco de legalidad. El dirigente reivindicó el derecho de los dominicanos a una educación libre de coerciones autoritarias, apelando al concepto de “libertad académica” formulado en 1897 por el economista de la Universidad de Chicago, Edward Webster Bemis, principio que hoy es pilar de las constituciones universitarias democráticas.

Hoepelman explicó que dicha libertad académica faculta a alumnos y profesores para investigar la verdad en cualquier área del conocimiento, así como para interpretar y difundir sus hallazgos sin temor a represalias, tanto dentro como fuera de la institución. En sus palabras, valoró:

«El derecho de un profesor y un alumno a ejercer la libertad de hablar, escribir y asociarse en federaciones o instituciones análogas, sin sufrir represalias, despidos o la cancelación de su matrícula».

Asimismo, subrayó la importancia crítica de alcanzar la autonomía y el fuero universitario. Argumentó que solo a través de la autogestión la universidad podría administrar libremente los fondos estatales y seleccionar a su profesorado con criterios académicos, en beneficio de toda la comunidad universitaria. Afirmó que este modelo de gobierno colegiado, basado en procesos de votación internos, pondría fin a la era de las autoridades designadas por decreto presidencial —sistema bajo el cual el rector ostentaba el rango de ministro de Estado, según lo establecido por el presidente Jacinto Bienvenido Peynado en 1940—.

Para garantizar la cohesión, Hoepelman aseguró que el gremio en formación nacería ajeno a intereses partidistas, evitando así las divisiones ideológicas. Sostuvo que la organización debía cimentarse sobre «la unidad del estudiantado dominicano, orientada hacia el bien común y su defensa inquebrantable».

A continuación, el bachiller Eduardo Delgado profundizó en esta visión, señalando que la federación debía mantenerse al margen de las riñas partidarias para evitar los «enfangados caminos del oportunismo». Con determinación, declaró que el fin último de la asamblea era «dejar formada para siempre nuestra Federación de Estudiantes Dominicanos (FED)».

Delgado apeló a la sociología moderna para explicar que la unión de las masas estudiantiles —hasta entonces desarticuladas— era un imperativo para la conquista de sus intereses legítimos. Sostuvo que el estudiante universitario, por su capacidad intelectual, tiene el deber ético de contribuir a la educación cívica de la nación.

Con un tono vibrante, el joven bachiller advirtió que «los tímidos, cobardes y perezosos son escorias que, tarde o temprano, serán apartadas por la historia». Subrayó que la juventud debe ser una fuerza viva y en constante labor de dignificación. Según Delgado, para alcanzar el ritmo de las naciones más avanzadas, se requería una «acción mental única, valentía invariable y una fuerza moral indestructible».

Instó a preparar a cada individuo para ser, simultáneamente, discípulo y maestro, formando ciudadanos conscientes de sus deberes. Concluyó que la educación, iniciada desde la niñez y unida a una intensa vida cívica escolar, produciría hombres y mujeres que no actúen de forma pasiva, sino que «marquen errores, cultiven el hábito de la libertad y arrebaten de las manos de la ignorancia la tea incendiaria que tantas lágrimas ha costado al pueblo dominicano».

El Clamor por la Justicia y la Consolidación de la FED

El tercer orador de la jornada fue el estudiante de Medicina José Eugenio Villanueva, quien centró su intervención en una demanda urgente: la libertad inmediata del bachiller Manuel de Jesús (Cucho) Rojas Fernández. Hasta ese momento, Rojas Fernández había sido el principal artífice del proyecto para constituir la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), habiendo liderado la primera manifestación estudiantil en el recinto universitario el domingo 9 de julio de 1961.

Aquel movimiento fue duramente reprimido por patrullas bajo el mando directo del jefe de la Policía, el coronel Luis Enrique Montes de Oca, bajo el pretexto de que la marcha carecía de autorización oficial. En el fragor de la represión, «Cucho» fue arrestado y trasladado al cuartel general, acusado injustamente de participar en el incendio de la emisora oficialista Radio Caribe.

Villanueva asumió una defensa ardorosa de su compañero, calificando al acusador, Fabio Inoa, como un «asalariado personaje de una empresa afectada» y un «cínico delator de falsedades». Al finalizar, cedió la palabra a Rafael Francisco Alburquerque de Castro, quien dio lectura a una misiva enviada al presidente Joaquín Balaguer por el comité gestor de la FED. En el documento, se subrayaba que la organización no perseguía fines partidistas, sino que buscaba congregar al estudiantado para fomentar ciudadanos activos y alineados con los valores democráticos del mundo occidental.

La misiva precisaba que la FED emplearía «medios y procedimientos estrictamente legales» para asegurar el respaldo de la comunidad internacional. Asimismo, solicitaba formalmente al mandatario garantías para que los estudiantes que habían abandonado sus estudios por motivos políticos pudieran reintegrarse a la academia.

Elección de la Directiva y el Desenlace de Rojas Fernández

En el marco de la asamblea, se procedió a la elección del primer comité provisional de la FED. La dirección quedó encabezada por su vocero, Manuel de Jesús Rojas Fernández, acompañado por un nutrido grupo de representantes de diversas facultades:

• Ingeniería: Asdrúbal Domínguez Guerrero, Eduardo Delgado, Leopoldo Grullón, Oscar Lama Habib, Miguel Genao y Daniel Céspedes.

• Medicina: Víctor De Camps Cáceres, José Eugenio Villanueva y Alfredo Loinaz.

• Derecho: Rafael Francisco Alburquerque de Castro, Antonio Isa Conde, Joselyn Rodríguez Conde y Zaidita Lovatón Ginebra.

• Filosofía: Armando Antonio Hoepelman Ripley.

• Finanzas: Mariano Fiallo, Rubén Álvarez Rodríguez y Antonio Cuello Hernández.

• Farmacia y Química: Eduardo «Petit» Houellemont Roque y Ubaldo Francisco Roa.

Pese a su elección, Rojas Fernández permanecía bajo custodia policial mientras se investigaba el siniestro en la radioemisora, un evento trágico que resultó en la pérdida de dos vidas y cuantiosos daños materiales. Sin embargo, la presión estudiantil y la falta de pruebas surtieron efecto: tres días después, el presidente Balaguer anunció su liberación tras desestimarse las imputaciones.

La mañana del 16 de julio de 1961, en un acto cargado de simbolismo político, Balaguer formalizó la entrega del joven estudiante a su padre, Manuel de Jesús Rojas Delgado, en el Palacio Nacional. Durante la audiencia, el mandatario exhortó al dirigente a actuar siempre bajo el amparo de la ley, a lo que «Cucho» respondió agradeciendo la ecuanimidad de la justicia y reafirmando su compromiso con la institucionalidad.

Finalmente, cabe destacar que el principal propulsor de la autonomía universitaria fue el rector y arquitecto José Antonio Caro Álvarez. No obstante, fue destituido el 15 de septiembre de 1961 mediante un decreto que nombró en su lugar al licenciado José Manuel Machado.

Caro Álvarez asumió la rectoría el 8 de julio de ese año en sustitución del propio Machado. Previamente, como ministro de Obras Públicas, había impulsado la modernización del país mediante proyectos emblemáticos como el Palacio de la Policía, las facultades de Ingeniería y Ciencias Médicas de la UASD, el Ministerio de Educación, la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, el Banco Central y el hospital Robert Reid Cabral.

En su momento, se especuló que Caro Álvarez fue víctima de la animadversión de Ramfis Trujillo, quien habría exigido su destitución. Sin embargo, debemos considerar que su salida pudo responder a un rasgo temprano del estilo de gobierno de Balaguer: el eclipse sistemático de cualquier subalterno con brillo propio o liderazgo destacado.

Poco después de su cese, el 31 de diciembre de 1961, el presidente Balaguer promulgó la Ley No. 5778, que concedía autonomía y fuero a la universidad. De este modo, el mérito histórico de este logro recayó en una rectoría posterior. La transformación universitaria bajo esta ley se vio acelerada por la efervescencia política de 1961, en un contexto de acecho internacional y bajo el severo bloqueo económico impuesto a la dictadura por la OEA durante la VI Conferencia de Cancilleres en San José, Costa Rica. Dicha sanción fue una represalia por el atentado ordenado por Trujillo contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt en junio de 1960.

Tras la muerte del dictador el 30 de mayo de 1961, Balaguer se vio forzado a desmantelar la estructura del régimen. Esto permitió, el 5 de julio, el regreso de la «Comisión de la Libertad» (integrada por Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón A. Castillo), marcando el inicio de una democratización que culminaría en las elecciones de 1962.

Tampoco debe olvidarse que la familia Trujillo aún retenía el poder, situación que generó grandes complicaciones para Balaguer. En septiembre de 1961, ante la presencia de una comisión de la OEA, el país fue sacudido por el ametrallamiento de miles de personas concentradas en el lado occidental del puente Juan Pablo Duarte; la multitud se había reunido allí para ver pasar a los comisionados del organismo regional. En ese incidente resultaron asesinados el doctor Víctor Rafael Estrella Liz y el señor Manuel Martínez Cabrera, además de registrarse una gran cantidad de heridos.

La represión se manifestó nuevamente el 20 de octubre con los violentos sucesos de la calle Espaillat, donde murieron el obrero José Ignacio Cerda y el estudiante Tirso Roldán Vargas Almonte. Esto provocó que, cuatro días más tarde, la OEA enviara a Santo Domingo una nueva comisión de derechos humanos para constatar la realidad dominicana.

En medio de ese clima de inestabilidad y anarquía, se produjeron la matanza de los héroes del 30 de mayo y la salida definitiva de Ramfis Trujillo. Ante la presión, Balaguer decidió conceder a los estudiantes universitarios la Ley No. 5778, otorgando así autonomía y fuero a la universidad más antigua del Nuevo Mundo.

Fuente Informativak

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