Burgos (España). – Una investigación identificó un marcador óseo asociado a la menstruación en restos humanos de los siglos XIV a XVIII, a través del análisis de un fémur en cuyo interior quedó registrado si el individuo pasó la primera regla, lo que constituye la primera vez que se consigue este tipo de evidencias en restos óseos.
El estudio, realizado por el Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos (norte de España) y que se publicó en la revista The Anatomical Record, analizó 75 fémures (46 infantiles y 29 adultos) de restos recuperados en el antiguo monasterio de San Pablo de Burgos, informó la universidad en nota de prensa.
Se utilizaron técnicas de tomografía computarizada (TAC), que permitieron constatar que el crecimiento del hueso en niñas y adolescentes cambia de forma radical con la llegada de la regla, de modo que el hueso de las mujeres empieza a crecer «desde dentro» en un movimiento conocido como contracción medular.
Así, la contracción medular se vuelve clave para determinar el paso de la menarquia, explicaron las investigadoras Julia Muñoz-Guarinos y Rebeca García González, autoras del artículo junto con Laura Rodríguez y José Miguel Carretero.
Los cambios hormonales y fisiológicos que provoca la menstruación hacen que el hueso se refuerce, se vuelva más compacto y reduzca el espacio interior, un “cambio sutil” que depende del momento del desarrollo y que es “un marcador muy preciso”, insistieron.
Este cambio se produce por efecto del aumento de estrógeno, pero no es uniforme en todas las partes del cuerpo, lo que explica por qué no se detectó hasta ahora, y que haya requerido de un enfoque específico de estudio de los huesos femeninos, que tampoco se había aplicado hasta el momento.
El análisis de la estructura interna del fémur permitió a las investigadoras determinar qué individuos habían atravesado ya la menstruación, además de confirmar que la edad media de la primera regla era en torno a los 15 años, más temprana de lo que se había planteado hasta ahora para poblaciones históricas.
Recordaron que la posibilidad de conocer mejor a qué edades se produce la menarquia no es solo un logro para la antropología y la biología, sino para los estudios sociales, pues en muchas sociedades a lo largo de la historia ha supuesto para las mujeres un nuevo estatus social.
Así, la llegada de la menstruación suele suponer un cambio “en sus expectativas vitales y, en algunos contextos, en su exposición al matrimonio y a la maternidad temprana”.
Además, la llegada de la menarquia no está determinada únicamente por la edad, sino que en ella influyen la nutrición, la genética, la salud durante la infancia y la actividad física; por tanto, da mucha información sobre el contexto social y de crecimiento de la niña y de cuáles han sido sus factores ambientales.
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