Siempre he tenido el criterio de que el abordaje que las autoridades le han dado en nuestro país al tema de la violencia de género está mal enfocado. ¿Cómo pedirle a una mujer que denuncie algo que culturalmente le han enseñado desde el hogar que es normal?
“Si te cela es porque te quiere”.
“Que tu marido te dé una galleta un día no es nada”.
Desde pequeñas, muchas son educadas para quedarse calladas, porque una “buena mujer” es la que aguanta; la que, a pesar del maltrato, se queda y lucha por su familia y su matrimonio. Mientras tanto, al hombre no se le señala como violento cuando agrede a su pareja:
“Son cosas que pasan”.
“Ella lo provocó”.
“En pleitos de marido y mujer nadie se debe meter”.
Y eso se refleja en cada campaña en la que pareciera que se le ruega al agresor que le perdone la vida a su víctima. No existe motivo alguno para que un hombre se sienta con tanto derecho sobre la vida de una mujer al punto de arrebatársela.
Pero, lastimosamente, mientras sigamos normalizando la violencia contra la mujer —incluso desde campañas que supuestamente buscan prevenirla—, seguiremos atacando las consecuencias y no el problema de raíz.



