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martes, mayo 26, 2026

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Un estudio anatómico sin precedentes reconstruye cómo antiguos rasgos de simio acabaron convirtiéndose en la base de la mano humana moderna


El análisis más completo realizado hasta ahora sobre huesos de muñeca reabre el debate sobre el origen común entre humanos y grandes simios africanos.

La locomoción de los primeros ancestros humanos continúa siendo uno de los rompecabezas más difíciles de resolver para la paleoantropología. Los científicos llevan décadas tratando de descubrir si el ancestro común entre humanos y chimpancés compartía la peculiar forma de caminar de gorilas y chimpancés actuales. Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B vuelve a colocar esta vieja hipótesis en el centro del debate científico y lo hace apoyándose en una parte del cuerpo tan pequeña como decisiva: la muñeca.

El estudio, encabezado por la investigadora Laura E. Hunter, examinó miles de huesos de muñeca pertenecientes tanto a primates actuales como a distintas especies humanas extintas. En concreto, el equipo analizó los llamados huesos carpianos, pequeñas piezas anatómicas fundamentales para el movimiento de la mano. Tal y como apunta la investigación, muchas de las características presentes hoy en la muñeca humana muestran sorprendentes similitudes con las de chimpancés y gorilas, lo que refuerza la posibilidad de un antiguo ancestro compartido adaptado a desplazarse apoyándose sobre los nudillos.

Los autores son prudentes y evitan afirmar que ese ancestro caminara exactamente igual que los grandes simios africanos modernos. La escasez de fósiles correspondientes a ese periodo clave de la evolución sigue impidiendo reconstruir completamente su locomoción. Aun así, las formas anatómicas detectadas en la muñeca humana parecen encajar mejor con una herencia evolutiva relacionada con chimpancés y gorilas que con otras hipótesis propuestas hasta ahora.

Sin embargo, el hallazgo más fascinante podría estar en la función que esas estructuras terminaron desempeñando millones de años después. Algunas adaptaciones anatómicas que inicialmente habrían servido para reforzar y estabilizar la mano durante el movimiento acabaron convirtiéndose en la base biomecánica de la manipulación precisa, el uso avanzado de herramientas y la extraordinaria destreza manual que caracteriza hoy al ser humano.

La muñeca humana como una cápsula del tiempo evolutiva

La investigación se centró especialmente en siete diminutos huesos de la muñeca que, pese a su tamaño, desempeñan un papel esencial en la biomecánica de la mano. Estas estructuras permiten combinar resistencia, movilidad y precisión, una mezcla anatómica extremadamente compleja que hizo posible tanto soportar parte del peso corporal como manipular objetos con enorme control.

Durante décadas, gran parte de los estudios sobre evolución humana se concentraron en el cráneo, las piernas o la pelvis para comprender cómo apareció el bipedismo. Sin embargo, en los últimos años la muñeca se ha convertido en una pieza clave para los paleoantropólogos. Sus articulaciones y formas conservan señales anatómicas capaces de sobrevivir durante millones de años, funcionando casi como un archivo fósil del comportamiento locomotor de nuestros ancestros.

Para descifrar esas huellas evolutivas, los investigadores recurrieron a escaneados tridimensionales de alta resolución capaces de capturar hasta las irregularidades más pequeñas de los huesos. Después utilizaron modelos matemáticos avanzados para analizar la geometría completa de las estructuras carpianas y, finalmente, combinaron todos esos datos con sistemas de aprendizaje automático. Gracias a ello, pudieron comparar automáticamente miles de huesos fósiles con muñecas de humanos modernos, chimpancés, gorilas y orangutanes, detectando patrones anatómicos prácticamente imposibles de identificar a simple vista.

La base de datos utilizada fue enorme: más de 2.000 huesos procedentes de humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y distintos monos, además de 55 fósiles pertenecientes a especies extinguidas como Australopithecus afarensis, Homo naledi, Homo floresiensis y neandertales.

Un esquema que representa siete de los ocho huesos que forman la muñeca. Fuente: Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026)

Tal y como indica el estudio, los parecidos más llamativos aparecieron en dos huesos concretos: el semilunar y el piramidal. En humanos y grandes simios africanos presentan una forma extraordinariamente similar, mucho más próxima entre sí que respecto a otros primates.

Para los autores, esa coincidencia difícilmente puede ser casual.

La muñeca humana todavía guarda huellas anatómicas de un pasado evolutivo compartido con los grandes simios africanos.

El posible legado de caminar sobre los nudillos

Los chimpancés y los gorilas caminan apoyando el peso del cuerpo sobre los nudillos de las manos. Esta forma de desplazamiento exige que la muñeca soporte enormes fuerzas de compresión y permanezca relativamente rígida para evitar lesiones.

De acuerdo con el estudio, varias de las características anatómicas presentes hoy en la muñeca humana podrían tener un origen mucho más antiguo de lo que se pensaba. Los investigadores identificaron modificaciones concretas en algunas articulaciones de la muñeca —especialmente en la zona cercana al pulgar— que encajan con adaptaciones relacionadas con una locomoción basada en el apoyo sobre los nudillos, similar a la de chimpancés y gorilas actuales.

Pero lo verdaderamente llamativo es que esas estructuras no habrían desaparecido con el tiempo. Al contrario: millones de años después terminaron desempeñando un papel clave en una capacidad completamente diferente, la manipulación precisa de objetos.

Según plantean los autores, algunas adaptaciones que inicialmente pudieron ayudar a estabilizar la muñeca durante el movimiento acabaron facilitando el uso avanzado de las manos, desde agarrar herramientas hasta realizar movimientos extremadamente precisos. En biología evolutiva, este proceso recibe el nombre de exaptación, un fenómeno por el cual una estructura desarrollada para una función concreta termina siendo reutilizada para otra totalmente distinta.

La investigación también dibuja una evolución mucho menos lineal de lo que tradicionalmente se imaginaba. Entre los antiguos simios arborícolas y los primeros humanos capaces de fabricar herramientas complejas habría existido una larga fase intermedia llena de cambios graduales. Durante ese periodo, los homínidos habrían experimentado distintas formas de locomoción y uso de las manos antes de alcanzar la extraordinaria destreza manual que caracteriza hoy a nuestra especie.

La evolución de la mano humana fue un “mosaico”

Uno de los hallazgos más fascinantes del estudio es que la evolución de la muñeca humana no ocurrió de golpe. Diferentes huesos cambiaron en momentos distintos, generando combinaciones anatómicas muy extrañas en algunas especies fósiles.

Algunos homínidos tempranos conservaban características propias de simios africanos mientras otros huesos ya empezaban a parecerse a los humanos modernos. En ciertos casos, incluso aparecían rasgos similares a los de monos que caminan apoyando toda la palma de la mano.

Ese patrón “en mosaico” resulta especialmente evidente en especies como Australopithecus afarensis, la especie de Lucy, o en Homo naledi, una de las especies humanas más enigmáticas descubiertas en Sudáfrica.

En Homo naledi, por ejemplo, algunos individuos presentan muñecas sorprendentemente modernas mientras otros conservan rasgos mucho más primitivos. Según el estudio, esto sugiere que las capacidades manuales todavía variaban enormemente dentro de la propia especie.

Los investigadores consideran que esto podría indicar que el uso intensivo y sofisticado de herramientas apareció relativamente tarde en la evolución humana. Aunque algunos homínidos fabricaban utensilios simples desde hacía millones de años, la selección evolutiva que terminó fijando la muñeca moderna pudo ser mucho más reciente.

De hecho, tal y como señala el trabajo, muchas de las características típicamente humanas no parecen estabilizarse completamente hasta etapas avanzadas del género Homo.

Diagramas de dispersión de los componentes principales PC1 y PC2 en todos los huesos carpianos analizados
Diagramas de dispersión de los componentes principales PC1 y PC2 en todos los huesos carpianos analizados. Fuente: Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026)

Algunos huesos de nuestra muñeca siguen siendo extraordinariamente parecidos a los de los grandes simios africanos

El pulgar fue el gran protagonista de la transformación

La investigación también destaca el enorme papel del pulgar en la evolución de la muñeca humana.

Las modificaciones más importantes aparecen precisamente en el lado radial de la muñeca, la zona que conecta con el pulgar. Allí, varios huesos cambiaron de posición, se ensancharon y reorganizaron sus superficies articulares para aumentar tanto la estabilidad como la movilidad fina.

Este rediseño permitió movimientos extremadamente precisos y potentes, fundamentales para sostener herramientas, golpear objetos o realizar tareas complejas.

Curiosamente, algunas de esas transformaciones solo fueron posibles gracias a estructuras heredadas de los antiguos simios africanos. Es decir, la muñeca humana moderna no sustituyó completamente la anatomía ancestral, sino que la reutilizó y modificó progresivamente.

Los investigadores consideran que este escenario explica por qué los humanos seguimos compartiendo tantos detalles anatómicos con gorilas y chimpancés pese a nuestras diferencias funcionales actuales.

El debate sigue abierto

A pesar de la contundencia de algunos resultados, los autores son prudentes. El estudio no demuestra definitivamente que el último ancestro común caminara sobre los nudillos. También es posible que algunos de esos rasgos estuvieran relacionados con la escalada vertical o con otros comportamientos arbóreos.

Además, el gran problema continúa siendo la falta de fósiles pertenecientes exactamente al periodo en que humanos y chimpancés se separaron evolutivamente hace entre seis y ocho millones de años.

Sin esos fósiles, reconstruir cómo se movía aquel ancestro seguirá siendo una tarea parcialmente especulativa.

Aun así, el trabajo aporta una de las reconstrucciones más completas realizadas hasta ahora sobre la evolución de la muñeca humana y refuerza la idea de que nuestra mano moderna nació a partir de una anatomía mucho más parecida a la de un gran simio de lo que durante años se había imaginado.

La paradoja resulta fascinante: parte de la estructura que hoy nos permite escribir, operar instrumentos quirúrgicos o utilizar teléfonos inteligentes podría haberse originado hace millones de años en animales que caminaban apoyándose sobre los nudillos por los bosques africanos.

Referencias

  • Laura E. Hunter et al, Did modern human carpal morphology evolve from knuckle walking traits?, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026). DOI: 10.1098/rspb.2026.0556

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