Durante décadas, los paleontólogos pensaron que ciertos rasgos anatómicos —como caminar sobre dos patas, tener pico sin dientes o brazos reducidos— pertenecían casi exclusivamente al universo de los dinosaurios. Sin embargo, un nuevo hallazgo en Estados Unidos está obligando a replantear esa idea. Un equipo de investigadores ha identificado una nueva especie de reptil prehistórico que, pese a parecer un pequeño dinosaurio corredor, pertenece en realidad al linaje evolutivo de los cocodrilos.
El animal ha sido bautizado como Labrujasuchus expectatus y vivió hace unos 212 millones de años, durante el período Triásico, mucho antes de que los dinosaurios dominaran la Tierra. Tal y como ha revelado el estudio publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, este extraño reptil bípedo fue hallado en Ghost Ranch, un famoso yacimiento paleontológico situado en Nuevo México y conocido por sus espectaculares fósiles del Triásico.
Lo más sorprendente del descubrimiento no es solo su aspecto, sino lo que representa desde el punto de vista evolutivo. Aunque tenía una apariencia muy similar a la de ciertos dinosaurios terópodos, especialmente a los ornitomimos —aquellos animales de patas largas y aspecto similar al de un avestruz—, este reptil pertenecía en realidad a un grupo completamente distinto: los arcosaurios emparentados con los cocodrilos.
La diferencia es enorme. Los cocodrilos modernos son animales cuadrúpedos, semiacuáticos y con mandíbulas llenas de dientes afilados. Labrujasuchus, en cambio, caminaba erguido sobre dos patas, tenía brazos diminutos y carecía completamente de dientes. Su boca terminaba en un pico córneo, algo extremadamente inusual entre los parientes de los cocodrilos.
Un mundo extraño antes del reinado de los dinosaurios
El Triásico fue una de las épocas más extrañas de la historia de la vida en la Tierra. Tras la gran extinción del Pérmico, que acabó con la mayor parte de las especies del planeta, los ecosistemas comenzaron a llenarse de formas de vida experimentales y sorprendentes. Fue una etapa de auténtica “prueba y error” evolutiva.
En ese escenario aparecieron reptiles que hoy resultarían difíciles de imaginar: criaturas arborícolas con garras gigantescas, reptiles acuáticos acorazados y animales que mezclaban rasgos propios de aves, dinosaurios y cocodrilos. Labrujasuchus expectatus encaja perfectamente dentro de ese universo biológico extravagante.
Tal y como indica la investigación, este animal pertenece al grupo de los shuvosáuridos, un pequeño conjunto de reptiles bípedos que evolucionaron de forma paralela a los dinosaurios. Aunque no eran dinosaurios verdaderos, terminaron desarrollando cuerpos extraordinariamente similares. Es uno de los ejemplos más claros de convergencia evolutiva, un fenómeno en el que especies sin parentesco cercano acaban adquiriendo características parecidas porque se adaptan a modos de vida similares.
Los científicos llevan años estudiando este fenómeno, pero el nuevo fósil aporta una pieza clave. Hasta ahora solo se conocían unas pocas especies de shuvosáuridos en Norteamérica y existía un vacío temporal entre algunos de esos hallazgos. Labrujasuchus parece llenar precisamente ese hueco evolutivo que los investigadores sospechaban que debía existir.
De hecho, el propio nombre de la especie refleja esa idea. El término expectatus significa “esperado”, porque los paleontólogos intuían que un animal intermedio como este acabaría apareciendo tarde o temprano en el registro fósil.
Este hallazgo demuestra que algunos parientes lejanos de los cocodrilos desarrollaron cuerpos casi idénticos a los de los dinosaurios mucho antes de que estos dominaran la Tierra.
El “cocodrilo brujo” de Ghost Ranch
El nombre del género, Labrujasuchus, también tiene una historia peculiar. Hace referencia a “Ranchos de los Brujos”, un antiguo nombre en español asociado a la región de Ghost Ranch. Según las leyendas locales, ese apodo habría surgido siglos atrás para alejar a los curiosos de una zona vinculada al robo de ganado y a historias misteriosas.
Los investigadores quisieron rendir homenaje tanto a esa tradición histórica como al extraordinario valor paleontológico del lugar. Ghost Ranch lleva décadas siendo uno de los enclaves más importantes del mundo para estudiar la fauna del Triásico.
Fue allí donde en 1947 se descubrieron cientos de esqueletos del dinosaurio Coelophysis, uno de los grandes iconos de la paleontología norteamericana. Desde entonces, las excavaciones no han dejado de sacar a la luz especies cada vez más sorprendentes.
El fósil de Labrujasuchus fue encontrado originalmente en 2006 durante unas campañas de excavación dirigidas por especialistas del Instituto de Dinosaurios del Museo de Historia Natural de Los Ángeles. Sin embargo, identificar una nueva especie requiere años de trabajo comparativo, análisis anatómicos y revisión científica.
Los investigadores detectaron pequeñas diferencias en algunos huesos, especialmente en el húmero, que permitieron confirmar que no pertenecía a ninguna especie conocida hasta ahora. Además, la datación de los sedimentos indicaba una antigüedad distinta a la de otros shuvosáuridos hallados previamente en la región.
Un depredador sin dientes
Uno de los mayores enigmas sobre Labrujasuchus expectatus es su alimentación. La ausencia de dientes podría sugerir una dieta herbívora, pero los científicos creen que probablemente no era así.
El problema es que el pico no ofrece suficientes pistas. En la actualidad existen aves carnívoras completamente desdentadas, como las águilas, capaces de desgarrar carne sin necesidad de dientes. Y hace 212 millones de años el ecosistema terrestre era muy diferente al actual.
Según explican los investigadores, durante el Triásico todavía no existían muchas de las plantas con frutos que hoy sirven de alimento a numerosos animales. Por eso, algunos paleontólogos creen que este reptil pudo haber sido carnívoro o incluso carroñero.
Su anatomía también apunta a un animal ágil y rápido. Las largas patas traseras sugieren que podía desplazarse con velocidad para perseguir presas pequeñas o recorrer grandes distancias en busca de alimento.
Lo realmente fascinante es que este tipo de cuerpo —bípedo, ligero y con brazos reducidos— acabó triunfando en los dinosaurios millones de años después. Los shuvosáuridos llegaron antes, pero desaparecieron mucho antes de que los dinosaurios alcanzaran su máximo esplendor.

Aunque parecía un pequeño dinosaurio corredor, Labrujasuchus pertenecía en realidad al linaje evolutivo de los cocodrilos.
Un fósil que ayuda a entender la evolución
Más allá de lo espectacular de su aspecto, el hallazgo tiene un enorme valor científico porque ayuda a comprender cómo evolucionan ciertas adaptaciones anatómicas.
Durante mucho tiempo se pensó que caminar sobre dos patas era una característica especialmente asociada a los dinosaurios. Sin embargo, el Triásico demuestra que distintos grupos de reptiles experimentaron con esa estrategia evolutiva de manera independiente.
Los científicos consideran que el bipedismo ofrecía ventajas importantes: permitía correr más rápido, liberar las extremidades delanteras y mejorar la visión del entorno. Por eso terminó apareciendo varias veces en distintos linajes animales.
Labrujasuchus expectatus es una prueba extraordinaria de ese fenómeno. Aunque no dejó descendientes modernos directos, demuestra hasta qué punto la evolución puede conducir a soluciones anatómicas similares incluso en grupos separados por millones de años de historia evolutiva.
Además, el descubrimiento refuerza la idea de que el Triásico fue uno de los momentos más creativos de la evolución vertebrada. Antes de que los dinosaurios dominaran el planeta, la Tierra estuvo habitada por criaturas que hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción.
Y todavía quedan muchos secretos enterrados en lugares como Ghost Ranch. Los paleontólogos creen que nuevas excavaciones podrían revelar más especies desconocidas y ayudar a reconstruir cómo era realmente aquel mundo perdido de reptiles extraños, experimentos evolutivos y linajes que desaparecieron mucho antes de la llegada de los grandes dinosaurios.
Referencias
- A new shuvosaurid (Archosauria, Poposauroidea) from the Late Triassic (Norian) Hayden Quarry of New Mexico, U.S.A., Journal of Vertebrate Paleontology (2026). DOI: 10.1080/02724634.2026.2618182
Fuente informativa
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