Un equipo de científicos ha confirmado que el león de las cavernas no era una simple variante del león africano, sino una especie diferenciada cuya historia evolutiva comenzó hace más de 1,7 millones de años. El hallazgo, basado en el análisis de 12 genomas completos recuperados de ejemplares distribuidos por Eurasia y Norteamérica, obliga a reescribir la biografía de uno de los mayores depredadores del Pleistoceno.
La investigación, publicada en Cell, demuestra además que estos felinos mantuvieron una evolución independiente durante cientos de miles de generaciones, desarrollaron mutaciones exclusivas y solo entraron en contacto ocasional con los antepasados de los leones actuales cuando los cambios climáticos alteraban profundamente los ecosistemas.
Y aún hay algo más desconcertante: cuando desaparecieron hace unos 13.000 años, no parecían una especie condenada por la consanguinidad o por el colapso genético. Todo indica que sucumbieron de forma rápida a un cambio ecológico de enorme magnitud.
Sparta y el ADN que cambió la historia de una especie
La protagonista involuntaria de esta revolución científica fue Sparta, una cachorra hallada congelada en Siberia en 2018. Conservada por el permafrost durante unos 32.000 años, su estado era tan excepcional que parecía un animal dormido bajo una fina capa de hielo.
Pero el verdadero valor de Sparta estaba oculto en su ADN. Los investigadores secuenciaron genomas procedentes de ejemplares que abarcan más de 100.000 años de historia y distribuidos desde Austria hasta Yukón, pasando por Siberia y Asia central. Nunca antes se había reunido una muestra tan amplia para estudiar a esta especie.
Los investigadores secuenciaron genomas procedentes de ejemplares que abarcan más de 100.000 años de historia y distribuidos desde Austria hasta Yukón, pasando por Siberia y Asia central.
Los resultados muestran que Panthera spelaea y Panthera leo forman linajes evolutivos completamente separados. Más del 99% de los análisis genómicos realizados sitúan a ambos grupos en ramas diferentes del árbol evolutivo. La diferencia es mucho mayor de lo que sugerían las estimaciones anteriores.
Durante años se creyó que ambos linajes se habían separado hace unos 500.000 años. Sin embargo, los nuevos datos sitúan la divergencia en torno a 1,7 millones de años atrás, acercándose a algunas estimaciones fósiles que ya apuntaban a una antigüedad cercana a los dos millones de años.
En términos evolutivos, no hablamos de una subespecie, sino de una identidad biológica propia. El estudio también refuerza otras diferencias conocidas gracias al registro fósil y al arte rupestre. Los leones de las cavernas eran más grandes que los actuales, probablemente tenían un pelaje más claro y los machos parecen haber carecido de la característica melena de los leones modernos. Pero hay un detalle que intriga especialmente a los investigadores.
El hielo actuaba como un puente entre especies
Aunque ambos linajes permanecieron separados durante casi dos millones de años, nunca estuvieron completamente aislados. El ADN revela episodios de mestizaje entre leones modernos y leones de las cavernas durante el Pleistoceno. La cantidad de ADN heredado de leones modernos es reducida —entre un 3,2% y un 4,4% en algunos individuos—, pero suficiente para reconstruir una historia sorprendente.
El ADN revela episodios de mestizaje entre leones modernos y leones de las cavernas durante el Pleistoceno.
Los científicos descubrieron que esos cruces no ocurrieron al azar. Cuando aumentaba la extensión global de los hielos, también aumentaban las señales genéticas de hibridación. El estudio detecta una fuerte correlación entre el volumen de hielo planetario y la proporción de ADN procedente de leones modernos.
La explicación parece estar en el desplazamiento de los ecosistemas. Durante las glaciaciones, las tundras avanzaban hacia el sur y arrastraban consigo a los leones de las cavernas. Al mismo tiempo, los leones modernos ocupaban regiones del sudoeste asiático. Esos movimientos ecológicos reducían la distancia entre ambos depredadores y creaban breves ventanas de contacto.
Curiosamente, los genomas apuntan a que los protagonistas de esos encuentros no fueron los leones africanos actuales, sino una población hoy desaparecida: los leones mesopotámicos del sudoeste asiático, extinguidos durante el siglo XX. Las glaciaciones actuaban como una especie de interruptor biológico que acercaba y alejaba a dos especies que llevaban más de un millón de años separadas.

Un superdepredador conectado de Siberia a Europa
Uno de los descubrimientos más inesperados del estudio es que los leones de las cavernas estaban extraordinariamente conectados entre sí. Los análisis genéticos muestran intercambios de genes a enormes distancias geográficas. Individuos de Siberia, Europa y Asia central compartían ancestros recientes, indicando que las poblaciones permanecían en contacto a lo largo de miles de kilómetros.
Los análisis genéticos muestran intercambios de genes a enormes distancias geográficas.
Los investigadores comparan este patrón con el observado recientemente en los lobos. La mezcla genética era tan intensa que algunas diferencias regionales podían desaparecer en apenas unos pocos milenios. Según el estudio, la homogeneización genética podía producirse en periodos de alrededor de 2.000 años, una velocidad notable para una especie distribuida por buena parte del hemisferio norte.
Pero Norteamérica cuenta una historia distinta. Los genomas procedentes de Yukón presentan una señal genética extraña que no aparece en Eurasia. Los investigadores sospechan que podría proceder de un linaje desconocido o incluso del misterioso león americano (Panthera atrox), un gigantesco felino que habitó el sur de Norteamérica y que pudo cruzarse con los leones de las cavernas.
Todavía no existe ADN suficiente para demostrarlo. Sin embargo, la hipótesis abre una posibilidad fascinante: que parte de la historia genética de estos depredadores permanezca aún oculta en especies extinguidas de las que apenas conocemos algunos huesos.

Las 33 mutaciones que podrían explicar su éxito
El análisis identificó además decenas de cambios genéticos exclusivos de Panthera spelaea. En total aparecieron 33 mutaciones únicas distribuidas en regiones relacionadas con el desarrollo cerebral, la visión, el crecimiento corporal y el sistema circulatorio.
En total aparecieron 33 mutaciones únicas distribuidas en regiones relacionadas con el desarrollo cerebral, la visión, el crecimiento corporal y el sistema circulatorio.
Los autores son prudentes y no afirman que constituyan adaptaciones demostradas. Sin embargo, el patrón resulta demasiado sugerente para ignorarlo. No se trata de mutaciones dispersas al azar, sino de modificaciones concentradas precisamente en funciones biológicas que podrían haber resultado esenciales para sobrevivir en ambientes extremadamente fríos y estacionales.
Quizá ayudaban a detectar mejor las presas en paisajes nevados. Quizá favorecían un crecimiento corporal mayor o una fisiología más eficiente frente al frío. Todavía no lo sabemos. Pero el genoma comienza a mostrar cómo este depredador se convirtió en uno de los animales más influyentes de los ecosistemas del Pleistoceno.
El misterio final: una extinción sin señales de colapso
La desaparición del león de las cavernas sigue siendo uno de los episodios más desconcertantes de la prehistoria reciente. Los datos genéticos indican que sus poblaciones conservaban diversidad genética poco antes de extinguirse. No muestran las señales clásicas de una especie atrapada en una espiral de consanguinidad.
Eso obliga a buscar la explicación en otro lugar. La hipótesis más sólida apunta al derrumbe de las cadenas alimentarias al final de la última glaciación. Cuando disminuyeron los grandes herbívoros adaptados al frío, también desaparecieron los superdepredadores que dependían de ellos.
La hipótesis más sólida apunta al derrumbe de las cadenas alimentarias al final de la última glaciación.
Y esa conclusión contiene una advertencia inquietante para el presente. El león africano actual presenta una situación genética y demográfica más delicada que la que mostraban los leones de las cavernas poco antes de extinguirse. Hace 13.000 años desapareció uno de los grandes símbolos de la Edad de Hielo. Hoy, gracias al ADN antiguo, sabemos que no era simplemente un león más grande.
Era el último representante de una historia evolutiva que había comenzado casi dos millones de años antes, cuando nuestros propios antepasados apenas daban sus primeros pasos fuera de África.
Referencias
- Stanton, David W. G., Anders Bergström, Peter D. Heintzman, et al. “Paleogenomes Reveal the Evolutionary Relationship between Modern and Cave Lions.” Cell 189 (2026).https://doi.org/10.1016/j.cell.2026.05.007.
- Barnett, Ross, et al. “Mitogenomics of the Extinct Cave Lion, Panthera spelaea.” Open Quaternary 2016.
- Nedoluzhko, Artem, et al. “20th Anniversary of the History of Genetic Research on Cave Lion.” Quaternary Science Advances 2024.
Fuente informativa
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